La economía del Carnaval
Cada año, cuando llega Carnaval, aparece una escena que se repite con puntualidad casi litúrgica. Por un lado, miles de personas bordando, ensayando, diseñando, organizando, invirtiendo tiempo y dinero en trajes que pesan más que un manual de macroeconomía. Por el otro, algún economista ortodoxo, traje gris y ceño fruncido, calculando cuántas cervezas se vendieron y cuántas camas de hotel se ocuparon. Conclusión del informe: “impacto turístico positivo de corto plazo”. Fin del misterio.
El problema es que esa mirada es tan estrecha que podría desfilar en comparsa propia. Reducir el Carnaval a hoteles llenos y consumo de espuma es como medir el amor por el costo del anillo de compromiso: técnicamente cuantificable, pero profundamente insuficiente.
Aquí entra en escena la economista Mariana Mazzucato, quien en su investigación Carnival Economics, desarrollada junto a la University College London y el Ministerio de Cultura de Brasil, plantea algo revolucionario y, a la vez, bastante obvio: la economía tradicional subestima el valor real de las artes y la cultura.
No porque no generen dinero, lo generan, y mucho, sino porque su aporte va mucho más allá del producto interno bruto (PIB). La cultura construye identidad, cohesión social, capacidades estatales y hasta dirección estratégica del crecimiento.
Uno de los errores más comunes es pensar que el Carnaval es un evento de cuatro........
