menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El silencio después del gol: una comunidad habitando la derrota

35 0
22.07.2026

El domingo pasado asistí al Salón Argentino de La Paz, donde residentes, visitantes, amigos y curiosos se reunieron para ver la final del Mundial. Afuera, la ciudad continuaba con su ritmo habitual, indiferente quizá a la tensión que crecía detrás de aquellas puertas. Adentro, en cambio, se había formado una pequeña patria: una comunidad provisional sostenida por camisetas celestes y blancas, abrazos, cábalas y una esperanza compartida.

Las patrias, a veces, caben en un salón.

Antes del inicio del partido todo era euforia. Circulaban los vasos de fernet y las empanadas pasaban de mano en mano. Se discutían alineaciones, se recordaban partidos anteriores, se repetían pronósticos con esa seguridad que solo existe antes de que la realidad los contradiga. Había risas, fotografías, saludos entre personas que quizá no se conocían, pero que por algunas horas se reconocían como parte de algo común.

El fútbol tiene esa capacidad: suspende las distancias y fabrica una intimidad colectiva. Personas de distintas edades, trayectorias y condiciones sociales se descubren pronunciando las mismas palabras, temiendo al mismo tiempo y esperando el mismo desenlace. No elimina las diferencias, pero las coloca momentáneamente entre paréntesis. Durante ciento veinte minutos la individualidad acepta integrarse a un nosotros.

Cuando comenzó a sonar el himno argentino, todos y todas se pusieron de pie. Las conversaciones cesaron. Algunas manos se apoyaron sobre el pecho; otras rodearon los hombros de quienes estaban al lado. El himno fue cantado a viva voz, con una intensidad que no parecía provenir únicamente del partido. Había algo más profundo en aquel gesto.

Quien vive fuera de su país sabe que los símbolos cambian cuando se contemplan desde la distancia. Una bandera que en el territorio propio puede parecer cotidiana adquiere, lejos de casa, la fuerza de una aparición. Una canción aprendida durante la infancia deja de ser una formalidad y se convierte en un puente. De pronto, el himno no habla solamente de una nación abstracta: habla de la familia que quedó lejos, de las calles conocidas, de los sabores de la infancia y de........

© El Deber