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Recogí el guante… El regreso de Gabriel René-Moreno

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10.03.2026

La Obra completa de Gabriel René-Moreno (OC) ha sido finalmente publicada. Sin embargo, más allá de los siete tomos impresos y los doce volúmenes digitales que hoy ven la luz, importa recordar el camino: un esfuerzo intelectual y financiero de gran alcance que transformó una declaración de voluntad en un verdadero acontecimiento cultural.

Todo comenzó el 5 de junio de 2024. Aquella nota publicada en El Deber, en la que anunciábamos la cruzada para editar la OC, era en ese momento poco más que una apuesta pública alimentada por una convicción profunda: René-Moreno, uno de nuestros mayores clásicos, no podía seguir siendo una pieza de museo o un autor confinado a los anaqueles de los especialistas. Su pensamiento debía volver a circular, no como una reliquia, sino como un interlocutor vivo en la conversación intelectual de nuestra época. Hoy los libros existen. Pero lo verdaderamente importante no es el número de páginas, sino el trabajo silencioso que permitió que esos textos vuelvan, después de mucho tiempo, a ser habitados por el lector.

Publicar no es simplemente imprimir. La suma de voluntades que permitió esta empresa estuvo liderada por Plural editores, cuya experiencia fue el motor del proyecto. El compromiso del Museo de Historia de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno –bajo el decidido impulso de su directora, Paula Peña– y el respaldo financiero de la CRE fueron condiciones indispensables. Pero el peso real de la obra recayó en la minuciosa conducción editorial de una empresa de gran envergadura. Bajo la dirección de José Antonio Quiroga, y junto a mi socio editor Mauricio Souza, uno de los mayores especialistas en René-Moreno en Bolivia, el proyecto se integró en la colección Orientalia –destinada a reunir la producción intelectual del Oriente boliviano– a través de la creación de la Biblioteca Gabriel René-Moreno. Este marco asegura la continuidad y los criterios comunes que un proyecto de siete tomos críticos exige. Conviene decirlo con claridad: sin recursos, el proyecto habría sido imposible, pero sin trabajo editorial habría sido irrelevante.

La diferencia entre una compilación y una edición crítica es decisiva. Podríamos haber reunido los textos y reproducido facsímiles; habríamos obtenido un objeto respetable, pero opaco. René-Moreno escribe con una densidad que presupone un lector de su tiempo: cita de memoria, alude a figuras hoy olvidadas y se mueve en debates que requieren mediación. Leerlo hoy, a la intemperie, es un reto mayor. Ahí es donde entró la intervención editorial, revisando más de 3.500 páginas línea por línea, cotejando versiones antiguas para corregir erratas heredadas y verificando fechas, nombres y atribuciones. La edición añade 1.680 notas al pie, que no nacen del deseo de exhibir erudición, sino de la necesidad de abrir el texto y acompañar su lectura.

Hubo también un trabajo de archivo detectivesco que permitió rastrear cartas dispersas y rescatar textos que no figuraban en bibliografías previas. La reunión de casi sesenta cartas, varias de ellas inéditas, es el resultado de esa búsqueda paciente. Cuatro revisiones completas sostienen una diagramación que funciona como el andamiaje del libro, integrando las notas al pie con el cuerpo del texto en una arquitectura visual que privilegia, ante todo, la claridad.

René-Moreno entendía la bibliografía como una forma de ordenar el conocimiento y vincular tradiciones dispersas. En cierto modo, esta edición prolonga ese gesto: ordenar para que las conexiones se hagan visibles. El propósito de esta empresa no fue levantar un monumento de mármol frío, sino devolver un texto al espacio público y permitir que René-Moreno pueda ser leído hoy sin quedar encerrado en su propio siglo. Los libros no viven por su mera presencia material: viven cuando pueden ser comprendidos, discutidos e incluso cuestionados. Por eso, rescatar un clásico no consiste en repetirlo, sino en hacer posible su lectura en nuestro tiempo.

(*) El autor es editor y bibliógrafo

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