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Más criterio, menos pretextos

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04.03.2026

Todo depende del criterio que se aplique para entender cuánto se hace, enfatizaba un catedrático de filosofía jurídica. “Por eso, es necesario averiguar el criterio de los ministros y otras autoridades”, agregó.

El contenido de un criterio, dicho con precisión, es el conocimiento del cual se vale el intelecto para leer e interpretar la realidad; distinguir la verdad de la falsedad, lo correcto de lo incorrecto. Es una entidad mental relacionada con la conciencia; ensancha la comprensión y la sensatez intelectual.

En cambio, la razón, entendida como justificación de los hechos, responde a la pregunta ¿por qué? Es el argumento que conecta con el motivo.

Pongamos el caso de una situación política de actualidad: el jefe del partido Alianza Libre —cada día más agresivo y vacilante— desprestigia al gobierno y le atribuye incompetencia; esa sería la razón. De ser así, es importante también conocer su criterio coherente, al mismo tiempo que su encendido discurso, porque precisamente su bancada parlamentaria será determinante para aprobar leyes necesarias.

Utilizar el criterio es esencial para cualquier persona, pero es fundamental para quienes gestionan los intereses de la población.

A todo esto, ¿qué criterio tienen el ministro de Hidrocarburos y las empresas que comercializan combustibles para enredar el asunto con declaraciones ambiguas y acentuar el escándalo, cuando está demostrado que la causa es la pésima calidad y el daño mecánico en cientos de motorizados?

Los médicos y el personal de hospitales públicos se declaran constantemente en paros y huelgas —se dice que por falta de pago de sueldos—. ¿Cuál es el criterio que aplican cuando saben que centenares de personas enfermas serán perjudicadas? No les pregunten sus razones; insistan en que descubran su criterio. Comprobarán que la respuesta más fácil es justificar sus hechos con motivaciones que nunca faltan.

Por otro lado, el criterio del mandatario es esencial: ayuda a detectar el criterio del pueblo e, incluso más, a generar un criterio común, fundamental para ejercer liderazgo.

El presidente Rodrigo decidió no transferir el mando cuando viaja al exterior; el justificativo (la razón) es que el sustituto podría causar desperfectos en el aparato estatal. ¿Cómo saldría a explicar, si le preguntan por su criterio frente al aforismo “…si no está prohibido, está permitido”, que —según opinan expertos— no rige para el derecho público?

El criterio es resultado cultural: un proceso continuo que combina la experiencia personal, la formación ciudadana, el desarrollo de principios y un alto nivel educativo. Por eso, tener un criterio determinado va más allá de recurrir a un motivo cualquiera.

Ahora se entenderá por qué un dirigente sindical holgazán no tiene criterio, sino solo propósito maligno; al igual que el político mediocre. Ambos buscan razones que no convencen o pretextos inventados.

Al desarrollar el criterio en todos los niveles, la calidad del pensamiento mejorará; la narración de los hechos tendrá un sentido profundo; el ciudadano podrá exigir: no se explayen justificando el porqué, expresen su criterio inteligente.


© El Día