Mariano Rajoy montó la Mundial
Francia puso precio a la cabeza de Mariano Rajoy. Después de cortársela, según es habitual en un país de regicidas decapitados colectivamente por el cura Merino, afamado guerrillero y goleador. Al expresidente del Gobierno solo le molestó que su artículo denigratorio se leyera demasiado, adentrarse en el terreno de lo viral y lo viril cuando se conforma con ser un hombre solo.
Aznar lo creó entre tres candidatos, y lo repudió por haber partido el PP en tres mitades, la casa solariega, Ciudadanos y Vox. Nunca imaginó Rajoy que su nombre figuraba en el cuaderno azul de su amo, y aceptó la navegación de la crisis económica como una molestia pasajera. En cuanto pudo, solicitó el apoyo del PSOE para compartir el cáliz de la investidura. De hecho, puso a los socialistas como ejemplo de aliados leales a Albert Rivera, a pocos días de ser derrocado por la única moción de censura victoriosa.
Censurar a Rajoy supone una exageración. Por eso decidió conservarse en etanol de sobremesa, mientras Pedro Sánchez ascendía al Gólgota de las imputaciones familiares masivas. Y ahora relampaguea gracias a un zurriagazo digital en dos palabras. Dictar «eso sí, sin franceses» lo ha lanzado a la altura de........
