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El problema no es SpaceX

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08.06.2026

Existe una enorme diferencia entre una gran compañía y una gran inversión.

A menudo ambas coinciden.

Y en algunos casos, cuanto mejor es la compañía, mayor es el riesgo de que los inversores olviden hacerse la pregunta más importante de todas:

¿Cuánto estamos pagando por ella?

Pocas empresas representan mejor este fenómeno que SpaceX.

Probablemente sea una de las compañías más extraordinarias creadas en las últimas décadas. Ha revolucionado el lanzamiento espacial, domina gran parte de la economía espacial comercial y ha construido, a través de Starlink, uno de los negocios de infraestructuras más interesantes del mundo.

Nada de eso está en discusión.

De hecho, si yo fuera accionista de SpaceX, probablemente querría que la compañía saliera a bolsa exactamente ahora.

Es difícil imaginar un entorno más favorable.

Precisamente por eso merece la pena hacerse una pregunta incómoda.

¿Justifica todo ello la valoración que el mercado parece dispuesto a pagar?

Y, sobre todo, ¿por qué?

La explicación habitual es sencilla.

No tiene comparables.

Su crecimiento es excepcional.

Su potencial es enorme.

Todo ello puede ser cierto.

Pero ninguna de esas afirmaciones constituye una valoración.

Con frecuencia los mercados confunden la calidad de un activo con el precio que deberían pagar por él.

Y son dos conceptos radicalmente distintos.

La historia financiera está llena de compañías extraordinarias que resultaron ser inversiones decepcionantes simplemente porque el precio ya descontaba un futuro perfecto.

La cuestión más interesante es que quizá el principal argumento alcista para SpaceX no tenga nada que ver con sus fundamentales.

Quizá tenga que ver con su escasez.

Durante años Tesla cotizó con........

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