La larga resaca de Vox
Cuando uno se sienta a negociar, conviene tener claro lo que se quiere lograr y lo que no se puede aceptar. Más cuando tu interlocutor tiene más poder que tú. Más cuando la negociación es, nada menos, que un gobierno autonómico. Más cuando no es uno, sino tres. Más cuando lo que se haga en esas tres mesas afectará a la campaña de las andaluzas. Y más cuando todo lo que ocurra puede desembocar en la mayor negociación posible, la del Gobierno de España tras unas generales que no pueden estar muy lejos.
Sin embargo, Vox no sabe lo que quiere. Quiere sustituir al Partido Popular como primera fuerza de la derecha, pero no puede. Los resultados electorales del ciclo están cerrando el techo. La posibilidad de estar a la altura de las grandes ultraderechas europeas queda descartada a corto plazo.
Quiere convertirse en el gran vehículo del malestar, pero las circunstancias han cambiado. La corriente profunda permanece, claro. Y no desaparecerá. En la superficie, las cosas son distintas. No ya por la guerra y el vínculo con Trump, que por supuesto perjudican, sino por el sentido mayoritario de la urgencia. Abascal no puede permitirse el lujo de traicionar la demanda principal del electorado y parece empeñado en intentarlo. No puede explicar por qué antepone su interés personal o partidario, pequeño en cualquier caso, a la emergencia nacional de sacar a Sánchez que sienten los electores de........
