La cabeza de caballo de Mohamed VI
Hay imágenes que resumen una época mejor que cualquier tratado de geopolítica. El Financial Times lo describía con todo detalle estos días. Un joven nada de espaldas hacia Ceuta mientras se graba con un selfie stick. Otros protegen el teléfono móvil —quizá un iPhone de última generación— dentro de esas fundas impermeables que los europeos compramos en Amazon antes de bajar a la piscina del hotel. Algunos llevan aletas, gafas de buceo y trajes de neopreno. Uno aparece incluso empujando una bicicleta.
No improvisaron la travesía. Llevaban días preparándola. Consultaron las corrientes, compartieron capturas de Google Maps, compraron el material necesario en grupos de Facebook y, en algunos casos, aprendieron a nadar expresamente para alcanzar territorio español. La frontera convertida en tutorial. La inmigración ilegal, versión how to.
No son, por tanto, náufragos sorprendidos en patera por una tormenta ni inmigrantes abandonados a su suerte en mitad del Mediterráneo por una mafia, como nos han tratado de vender desde la ya fatigada máquina de crear relatos de Moncloa. Tampoco es la sentencia del Supremo. O, al menos, no solo eso. Tampoco se trata de que la inmigración se haya digitalizado. Se trata de performance, de que unos hacen reels mientras otros hacemos el ridículo.
La crisis de Ceuta de estos días es una demostración de fuerza, la cabeza de caballo con la que Marruecos nos recuerda que allí están ellos, aliados de referencia de Estados Unidos e Israel, olfateando la debilidad de un........
