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Ni fondos, ni buitres

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saturday

Spoiler. Este no es un artículo sobre política. No seré yo quien entre en el juego de hacer campaña. Ni me corresponde, ni me interesa. Pero no puedo resistirme a intervenir ante una situación que, sinceramente, insulta a la inteligencia. En esta atmósfera de buenos y malos —lección número uno del storytelling— se ha planteado un interesante dilema: o con la gente, o con los buitres.

Bien. Pues vamos a analizar quiénes se supone que son cada uno.

La "gente", así, en general, es un concepto versátil. Todos y cada uno de nosotros somos "la gente". Lo es la inquilina que paga y la que no lo hace; el propietario que hace lo correcto y el que no; el que no tiene casa y el que tiene más de veinte. El político, el jardinero, el CEO del Ibex. Todos únicos, pero todos, gente.

Por tanto, apropiarse de un concepto tan absolutamente diverso para reducirlo a aquellos a los que se supone que quieres proteger es, cuanto menos, tramposo.

Estar al lado de "la gente", así en general, es también estar al lado de quien no piensa como tú, de quien se escandaliza por el maltrato sistemático de nuestro sistema democrático o de quien se desgañita para decir, una y otra vez, por ahí no es. ¿O es que acaso se es menos gente por tener una opinión diferente? ¿Qué se es entonces?

Pero vamos con la segunda cuestión, que es, si cabe, más llamativa. Los buitres. Los famosos fondos buitre.

Es sorprendente cómo un término coloquial, que no corresponde a ninguna forma jurídica ni societaria, ha calado tan hondo en la opinión pública. Informativos de todo........

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