La Política Agrícola Común en su dimensión histórica
La Política Agraria Común (PAC) ha sido desde el inicio de la CEE/UE una de las políticas europeas más criticadas, especialmente por los países septentrionales, con un sector agrícola considerablemente inferior en términos relativos de PIB y mano de obra al de los países del centro y sur de Europa, pero también en el seno de estos últimos países por los representantes de los sectores industrial y de servicios, que reprochaban a los agricultores recibir una parte desproporcionada del presupuesto comunitario y promover un enfoque proteccionista en cualquier negociación comercial.
Pero no acaban ahí sus críticos: los gobiernos, especialmente, pero no solo, de los países en desarrollo han criticado la política europea de apoyo a las rentas agrícolas por mantener bajos los precios en el mercado internacional, dificultando las exportaciones de sus productos al mercado comunitario y propiciando, en sus mercados nacionales, la competencia desleal de los productos comunitarios a un precio artificialmente reducido mediante las subvenciones a la exportación. Asimismo, han arreciado las críticas de ambientalistas por los métodos de producción intensivos que favorece la PAC. Más preocupantes han sido las críticas vertidas por los propios consumidores europeos, que han achacado a la PAC el que los precios de los productos agrícolas estén por encima de lo que hubieran tenido que pagar sin ella.
Hay que mencionar las críticas provenientes del mismo sector, por el descenso del porcentaje del presupuesto comunitario dedicado a la PAC desde los dos tercios que tuvo en las primeras décadas de la CEE hasta el 40% actual, por la percepción de que las grandes negociaciones comerciales se hacen a costa de cesiones en productos agrícolas, por el coste desproporcionado asumido por el sector agrícola en la transición verde, por el sesgo de la PAC a favor de los grandes propietarios frente al pequeño agricultor y, finalmente, porque el 20% del presupuesto de la PAC dedicado al desarrollo rural no compensa el acceso equitativo a los servicios públicos en las zonas rurales. En este caso, las críticas no serían a la misma idea de la PAC y su ámbito europeo, sino a la insuficiencia de recursos a ella destinados y a no tener debidamente en cuenta el impacto sobre el sector de otras políticas comunitarias.
Frente a estas críticas, la UE y los defensores de la PAC contraponen argumentos de peso: el más importante es que se trata de una política en constante reforma, en función de las prioridades de la sociedad europea en cada época. Así, el énfasis en la producción era esperable en la fundación de la CEE, pues estaba muy reciente el desabastecimiento de la posguerra. Cuando se aseguró el abastecimiento del mercado europeo y se empezaron a generar excedentes que se exportaban subvencionados o se donaban a países en desarrollo, con grave perjuicio para los productores locales, se pusieron límites a la producción y se tomaron medidas para exponer a la PAC a las reglas del mercado.
Esta fue la inspiración de la reforma MacSharry de 1992 y de la gran reforma de 2003, que incluyó los conceptos de disociación (ruptura del vínculo entre ayudas y producción) y el de condicionalidad. Este último introducía por primera vez consideraciones medioambientales, que no han hecho sino aumentar hasta llegar a la reforma de 2023, que introduce los planes estratégicos en que los objetivos medioambientales están muy presentes.
En lo que se refiere al impacto de la agricultura comunitaria en las negociaciones comerciales internacionales, debe recordarse que........
