La productividad frente al reto demográfico y de las cuentas públicas
No hay duda de que el crecimiento de la economía española es robusto. El PIB aumentó un 2,7% interanual en el segundo trimestre de 2026, según los últimos datos de la Contabilidad Nacional Trimestral publicados por el INE justo antes de agosto. Esto es para congratularnos, pues, viendo cómo les va a nuestros socios comunitarios y las dificultades que están encontrando para crecer, España constituye un caso excepcional. En ese mismo trimestre, el crecimiento interanual fue del 1,4% en la UE-27 y del 1,2% en la eurozona, mientras que entre las grandes economías europeas las tasas fueron también reducidas: Alemania (1%), Francia (0,5%), Italia (1%) y Reino Unido (1,2%). Además, el crecimiento español viene acompañado de una intensa creación de empleo, lo que está permitiendo reducir la tasa de desempleo, uno de los tradicionales talones de Aquiles de nuestra economía.
Pero si es importante que el PIB crezca, todavía lo es más cómo lo hace. Y en esto, aunque desde hace más de una década estamos viendo algo que no se observaba –aumentos del PIB y del empleo a la vez que aumenta la productividad–, hay motivos para la preocupación.
El primero es que la productividad se está desacelerando con rapidez. Los datos que acaban de publicar la Fundación BBVA y el Ivie en su Rastreador de la Productividad son bastante claros. En el segundo trimestre de 2026 la productividad total de los factores (PTF), que mide las mejoras de eficiencia con las que una economía combina el capital y el trabajo, aumentó únicamente un 0,4% interanual. Es la mitad del crecimiento registrado el trimestre........
