Indra, Escribano y el valor que no nació en el mercado
El 10 de julio de 2025 publiqué un artículo sobre la posible compra de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) por parte de Indra. Entonces ya puse el foco en la valoración, en la lógica financiera y en una pregunta bastante más incómoda que el propio titular de los 1.500 millones: quién había creado de verdad ese valor. No era una pregunta más. Era, en realidad, la pregunta.
Porque una cosa es discutir si una empresa vale "mucho" o "poco". Como diría mi abuelo, eso casi siempre es lo de menos: una empresa vale lo que alguien esté dispuesto a pagar por ella. Y, si además aparece "un despistado" —o alguien que se lo hace— dispuesto a pagar justo lo que pides, entonces has tenido suerte. Lo que ya no es tan normal es descubrir que una parte relevante de ese valor no ha nacido en un mercado abierto, frío y realmente competitivo, sino al calor del comprador, del presupuesto público y de un ecosistema donde el mercado funciona, digamos, con bastante menos frescura y bastante menos competencia de la que nos promete la primera página de cualquier manual básico de Economía.
Y hay una imagen que resume el problema de un plumazo: la de un presidente de una cotizada estratégica teniendo que acudir a Moncloa para dar explicaciones en plena crisis por conflicto de interés, precisamente ante el mismo poder político y accionarial bajo cuya órbita se ha producido su ascenso.
En ese momento, la operación deja de parecer una simple discusión de mercado y empieza a revelar su verdadera naturaleza. Porque cuando una compra sale del consejo de administración, pasa por la SEPI y termina asomándose al corazón del poder político, cuesta seguir fingiendo que aquí solo estamos ante una negociación entre partes independientes.
La propia SEPI, accionista del 28% de Indra, trasladó su preocupación por un conflicto que consideraba insostenible en esas condiciones, y distintas informaciones situaron la crisis en el entorno de Moncloa. Cuando hasta Moncloa tiene que intervenir para recordar que comprador y vendedor no pueden sentarse en la misma silla, quizá ya no estemos ante una gran operación industrial, sino ante una pugna por capturar valor al calor del poder. Eso no prueba por sí solo una irregularidad, pero sí demuestra algo bastante más incómodo: que aquí hay de todo menos la distancia limpia, fría e impersonal que uno espera de un mercado de verdad.
Y ahí es donde el caso deja de ser una simple discusión de valoración para convertirse en algo bastante más serio. Porque cuando una empresa crece dentro del perímetro industrial de quien después quiere comprarla, la pregunta ya no es solo cuánto vale, sino cómo se ha fabricado ese valor, quién lo ha impulsado y con qué independencia puede ahora fijarse su precio.
Con las cuentas de 2025 ya cerradas, aquella duda no solo sigue en pie. Se ha hecho más grande. Más visible. Y bastante más incómoda. Porque ahora ya sabemos que Indra no solo ha crecido: ha cambiado de piel. Facturó 5.457 millones de euros en 2025, y 1.407 millones ya procedieron del área de Defensa.
La división de Defensa de Indra creció un 36% en un solo año, registró los márgenes más altos del grupo —18,4% de EBITDA— y recibió además 143 millones de TESS, la sociedad vinculada al programa del blindado 8x8. En definitiva, Defensa ya no es una pata más de Indra. Es la pata que más corre, la que más gana y la que está rediseñando la compañía.
Y justo ahí aparece Escribano. No al margen de esa transformación, sino dentro de ella. EM&E pasó de 87 millones de ingresos en 2021 a 355,3 millones en 2024. Es un salto extraordinario. Y no parece precisamente fruto de una epifanía espontánea del mercado.
Coincide con su presencia en grandes programas de defensa en los que Indra ocupa el centro del tablero: lidera, integra, estructura, ordena y canaliza una parte muy relevante del presupuesto. El ejemplo más claro es el 8x8 Dragón, el gran programa de blindados sobre ruedas del Ejército de Tierra.
Ahí Indra y Escribano no se cruzan como un comprador y un proveedor cualquiera. Están dentro del mismo vehículo industrial, TESS Defence, la sociedad que firmó con el Ministerio de Defensa el contrato para fabricar 348 blindados en una primera fase, con una inversión prevista de 2.100,6 millones de euros. Indra dirige y controla hoy esa plataforma; Escribano participa como socio industrial y aporta sistemas clave de combate y optrónica. Y esa misma TESS es la que ya aportó 143 millones a las ventas de Defensa de Indra en 2025.
A partir de ahí, el mapa se ensancha. SILAM es el nuevo sistema lanzacohetes del Ejército, una especie de salto a una artillería de largo alcance más moderna, con un presupuesto........
