Todo lo que está en juego en el siglo de las ciudades
Junto a la escritura, las ciudades son la mayor creación de la humanidad: son nodos de intercambio, centros civilizatorios, cerebros de la economía global. Sin embargo, en este siglo XXI ha ocurrido un fenómeno trascendental en nuestra historia: por primera vez, la mayoría de los humanos viven en ellas. En Occidente, ese umbral se traspasó hace más o menos medio siglo y las consecuencias económicas, políticas, culturales y sociales de primer y segundo orden provocadas por ese fenómeno siguen provocando cambios estructurales muy complejos de gestionar. Esto que nos sucede a nosotros, también sucederá en Asia y África. Las metrópolis concentran la riqueza, el talento y la innovación que los estados necesitan para sobrevivir, mientras esos mismos estados las cercan con aranceles, controles migratorios y retóricas de homogeneidad. Así pues, lo que se dirime en esa pugna por el poder es qué modelo de sociedad —diversa o uniforme, abierta o clausurada, conectada o replegada, cohesionada o segregada— define el siglo que viene.
Las ciudades globales
Las ciudades nacen de la geografía, pero viven del movimiento. Surgen donde los flujos del comercio o la política deben detenerse, intercambiarse o reorganizarse: un cruce de ríos, un puerto abrigado, una frontera estratégica. A partir de ese punto inicial se desencadena siempre la misma secuencia: ventaja geográfica, comercio, instituciones, cultura urbana propia. La ciudad deja de ser un mercado y se convierte en un centro civilizatorio donde se produce conocimiento, arte y tecnología. Así ocurrió en Atenas, Roma, Florencia, Buenos Aires, Barcelona o Madrid.
El historiador Fernand Braudel ayudó a entender cómo la historia se compone de capas superpuestas —geografía, economía, política, cultura— y las ciudades son la interfaz donde muchas de ellas se encuentran. Por eso su evolución refleja siempre los cambios de toda una época. Cambios que también están ocurriendo ahora.
Han existido tres grandes modelos históricos de ciudad. El primero fue la ciudad-estado que creció hasta convertirse en ciudad imperial: Roma, Pekín, París. Centros extractivos de vastos sistemas territoriales. El segundo fue la ciudad en red, típica de los sistemas comerciales marítimos: Venecia, Génova, Ámsterdam. No dominaban territorios; controlaban circuitos. Su poder residía en los flujos. El tercero, emergido desde mediados del siglo XIX, es la ciudad global capitalista: Londres, Nueva York, Hong Kong, Singapur… Todas ellas son cerebros del sistema mundial donde se gestionan finanzas, tecnología y cultura a escala planetaria. Su poder no deriva de la soberanía territorial, sino de la capacidad de coordinar redes económicas globales. Estas ciudades, que hoy son muchas más, funcionan como nodos de la enorme red neuronal del sistema mundial: lugares donde se toman decisiones financieras que tienen consecuencias en todo el mundo, se diseñan estrategias corporativas y se concentra talento e innovación.
Su modelo estuvo estrechamente vinculado al orden internacional surgido tras el final de la Guerra Fría. Es decir, su modelo ideal para desarrollarse es el de ese mundo liberal y basado en reglas que ahora mismo se desmorona. Durante tres décadas, la globalización económica, el comercio abierto y las instituciones multilaterales permitieron que las ciudades globales........
