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Como corcho en remolino

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24.03.2026

Los colombianos entramos al período electoral para elegir presidente de la república en un ambiente de aguda confrontación. Es evidente que los extremos políticos de “derecha” e “izquierda”, han logrado polarizar la ciudadanía hacia sus visiones recortadas de la realidad nacional.

He venido insistiendo en que esa polarización que pretende explicar la vida ciudadana como una confrontación entre “paracos” y “guerrillos”, – una simplificación que me permite llevar al absurdo los argumentos de lado y lado -, no refleja ni la realidad, ni las necesidades reales de los colombianos.

La “izquierda” encarnada hoy en la candidatura de Iván Cepeda señala que el “enemigo” a vencer (palabras textuales) es Álvaro Uribe (?). Que ni siquiera considera que la disputa electoral sea con los candidatos Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, que a su juicio son “títeres” a través de los cuales se ejercerá el poder.

En esa interpretación recortada de la contienda todas las armas son válidas. En consecuencia poner el poder del estado controlado por el presidente de la república al servicio del candidato Cepeda hace parte de su normalidad. Así vemos que el mismísimo Gustavo Petro está fungiendo, de manera descarada, como jefe de debate de esa candidatura, sin que ningún poder lo pueda controlar.

Por el contrario la “derecha” señala que Iván Cepeda es la expresión acabada de la ‘guerrilla’ en el poder. Niega de manera rotunda que la tendencia que terminó confluyendo en el Pacto Histórico refleja la insatisfacción de sectores importantes con los resultados sociales y económicos heredados del fracaso de los gobiernos de los partidos tradicionales durante décadas.

Una realidad que es incontrovertible. El país construido durante los últimos treinta años solo ha logrado resolver las necesidades de menos del 30% de la población. Lo que llamo incorporar a la modernidad, es decir, empresarios y trabajadores que tienen ingresos que les permiten solventar sus necesidades básicas de alimentación, vivienda, salud, educación, etc.

Un país con profundas desigualdades, porque en el reparto de la riqueza nacional unos pocos se quedan con mucho y muchos reciben muy poco. Un país que nunca se ha propuesto construir una sociedad moderna, de gran desarrollo en todos los campos de la producción. Un país dependiente de una política económica que beneficia al gran capital trasnacional y desprotege al capital nacional.

Si los gobiernos anteriores al de Petro fueron un fracaso, el gobierno del ‘cambio’ fue peor. Mantuvo intocables los cimientos del régimen establecido, mientras destruía lo poco que se había hecho. Todo en medio de la más aberrante corrupción que reproduce intocable los poderes nefastos que saquean los escasos recursos ahorrados por la sociedad.

No solo estamos “como corcho en remolino”, sino que avanzamos con los ojos abiertos hacia el abismo.

Neiva, 23 de marzo de 2026


© Diario del Huila