menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Volver

9 0
27.03.2026

27 de marzo 2026 - 03:09

De las vueltas y tumbos que por cosas de mi oficio doy por el mundo, uno de los mejores momentos es siempre el del volver. Volver a Sevilla, volver a casa. “Una casa allí/ –escribía Abdellatif Laâbi– para que el errante se diga/ ha lugar errar/ mientras haya una casa allí”. Comienzo a sospechar que me largo tan a menudo porque estoy enganchada al vicio de regresar, de abrir la puerta, saludar a la estancia de la que me despido cuando parto –las casas tienen alma, el alma quien se va, que también se queda un poco guardando la penumbra–, revolear la maleta, guardar las orecchiette (regalo de Luisella) en el frigo y al taumaturgo de San Nicola (regalo en versión pop de Paola) en el trinchero, pasar revista a las macetas y mirar desafiante la cama, con la avaricia de la que piensa advocarla a la molicie como poco la tarde entera. (Nada de placer culpable; hace tiempo que los placeres cursan por derecho, sin sombra de culpa). Pero esta dicha no es solo por volver a casa –en estos tiempos, tenerla es un lujo– sino a Sevilla en vísperas, a esta ciudad hospitalaria y espléndida a pesar de la usura, las obras, la gentrificación, lo intransitable, su deriva delirante y esa incontinencia de sacarse los hombres a hombros de forma improcedente, cual novio de bodorrio. Más acá de tanto ruido, la ciudad saluda nuestro regreso, con especial cariño en estas fechas.

Viví en otras ciudades y otros tiempos en que esto no era así. Al entrar el tren en Atocha y tomar la línea 3 hasta Moncloa, una suerte de tristeza caía como cae la noche, no hasta aplastarme, pero sí hasta hacer notar su peso. Creo que comparto la sensación con ustedes: nos gusta nuestra ciudad, y por eso queremos que sea más vivible (con árboles, vecinas, escuelas con aire, y menor desigualdad entre barrios…), y nos negamos a que deje de ser de sus ciudadanos para seguir convirtiéndose en un parque temático, un photocall vocinglero, un mogollón intransitable, un negocio. El INE nos sitúa entre las ciudades con más calidad de vida (esto va, insisto, por barrios) y Time out nos reconoció como la ciudad más feliz de Europa en 2025. Por desgracia, no creo que esto se deba tanto a nuestro espeso arbolado en los polígonos ni al tren hasta el Aeropuerto. Son por otras cosas más sutiles, potentes e innúmeras, que a duras penas resisten, por las que siempre nos merece la pena (mejor dicho, la alegría) volver a volver.

También te puede interesar

Montero, un pésimo comienzo

Carlos Navarro Antolín

Más gente que invitados

María del Mar Tristán

Cofradías y Vega Sicilia

Dios, a la intemperie

Eduardo del Rey Tirado


© Diario de Sevilla