El arte de la tertulia, la técnica del retrato
17 de marzo 2026 - 04:00
Hernán Cortés recoge mañana el Primer Premio Andaluz de las Bellas Artes del Grupo Joly y la Fundación Cajasol. Pocos pueden presumir de tener un retrato pintado por el maestro del género. Está muy cotizado y hay lista de espera, señal de que el dinero no lo puede todo. Los cuadros de Cortés se reconocen de lejos, como el palio de la Estrella cuando llega al Altozano y se espera en Reyes Católicos, dicho sea en clave hispalense, pues don Hernán recibe el galardón en el corazón de Sevilla, la ciudad soñada por tantos, tildada de difícil por muchos que se topan con sus murallas invisibles. Es una experiencia recorrer la galería alta del Rectorado y reconocer de inmediato cuál es el rector magnífico pintado por este andaluz de Cádiz que tanto y tan bien conoce Sevilla. “Ese es de Hernán Cortés”. Y, en efecto, es el de Javier Pérez Royo, que aparece con las manos en los bolsillos. Se distingue con rapidez, como pasaba con el cuadro anónimo de Queipo de Llano que ya fue retirado de Capitanía, el único donde el alto militar posaba con un micrófono de radio en lugar del sable de gala. Como el retrato de don Javier no es de cuerpo entero, Cortés se ahorró pintar las zapatillas deportivas tan características del catedrático. El gran lujo es tener un retrato de Hernán. Entra uno en el salón de la casa de Alfonso Guajardo-Fajardo: “Ese cuadro es de Hernán”. O en la sala de juntas del despacho de Moeckel. “¡El retrado de Hernán!”.
Pero más lujo es aún la posibilidad de charlar con este señor andaluz y con este andaluz señor. Habla y escucha, no se empeña en tener siempre la posesión del balón. Enseña sin pretenderlo y pregunta para saber. Es curioso porque es estudioso. Se nota pronto que persigue el rigor de forma natural: en el uso del lenguaje, en el trato personal, en el vestir y en la redacción de los mensajes por teléfono. Todo con la corrección propia de quien fue enseñado en que las cosas no se hacen de cualquier manera. En una sociedad con pocos maestros y muchos ídolos con pies de barro, todavía hay personas a las que se les puede hablar de usted, con las que nunca se pierde el tiempo y que tienen los valores de la sensibilidad para interpretar la psicología de un personaje, la paciencia que exige la búsqueda del buen resultado y el esfuerzo que requiere la concentración. Los retratos de Hernán, como las personas que merecen la pena en la vida, se reconocen de lejos porque tienen estilo propio. Y las tertulias con Hernán se hacen cortas porque dice cosas interesantes. Elogiaron una vez a una gran artista: “¿Te gusta cómo canta? Pues aún mejor hablando”. En una larga sobremesa con Hernán se entiende todavía mejor ese estilo único, esa marca que solo tienen los maestros. Retrata como habla.
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