"También en el lenguaje estival toca buscar el fresquito para no quemarse"
Con las primeras llamas del verano vuelve el idioma a sufrir los consabidos golpes de calor informativos. A menudo el efecto destructivo de los incendios se propaga hasta el papel del periódico o la emisora de radio que los relata, donde se ha hecho norma, por ejemplo, denominar “pirómanos” a todos los incendiarios sean cuales sean la intención y los motivos de estos. Pero el trastorno de la piromanía (literalmente ‘tendencia patológica a la provocación de incendios’) excluye a quien hace arder montes o cosechas por descuido, por intereses económicos o por deseo de perjudicar a otros. No........
