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Chinos de la China

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Yo de China lo que recuerdo es a aquella japonesa que en los últimos sanfermines estaba viendo el encierro en la plaza del Ayuntamiento y la gente allí, apelotonada antes de correr, la cogió con ella y le gritaban para que saltara: “¡China-tírate, china-tírate, china-tirateeeee!”. Y no saltó. En los últimos sanfermines se juntaron, curiosamente, historias de chinos; no sé por qué. Los sanfermines se nos fueron metiendo en chinoseries, exóticas, extrañas y sugerentes como la decoración del salón oriental de Lhardy, en la Carrera de San Jerónimo de Madrid, con sus garbanzos perfectamente redondos. Hacía años que a Beñat le dio por subirse al chino de la Estafeta después de los toros y pedir veinte o treinta rollitos de primavera, que venían envueltos en papel de plata y estaban más calientes que José Luis Ábalos. Bien pensado, la comida china -la china española, me refiero, la que no se come en China- constituía uno de los grandes tesoros gastronómicos que estamos perdiendo a manos del crimen del poke y lo asiático urbano. 

Comer en un tazón no es civilizatorio, y es prueba de ello que uno no puede llevarse a los toros un poke de salmón para merendar porque no es cristiano; pero un cerdo agridulce, sí. No te digo si va uno contando el chiste del maestro Chen. Va uno y le pregunta: “Maestro Chen, maestro Chen, ¿por qué todos los chinos somos iguales?”, y el otro responde: “No soy el maestro Chen”. Cómo pienso en China desde que está Sánchez allí con Begoña, a hacer unos negocietes de Zapatero y vaya usted a saber, y se pasea por las plantas de coches eléctricos que compiten con Volkswagen. Ahora se lleva trabajar en una planta de baterías china y no en una multinacional alemana, pues como en sistemas del Partido Comunista, en ninguna parte. De cómo nos fuimos a China mientras demonizaban a Occidente tendremos que dar explicaciones a nuestros nietos. Yo les diré que es que a Sánchez le venía bien y hubo gente que se llevó un buen dinero. Defiendo Occidente con sus malvados, pues son los míos, y al menos no me tiro en brazos -como la china no saltó al encierro- de los primeros dictadores que pasan. Si alguien quiere irse a vivir a China, como la china querrá venirse a Pamplona, hay vuelos a buen precio.


© Diario de Navarra