La perversión de la cita previa
Opinión | La suerte de besar
La perversión de la cita previa
La perversión de la cita previa / .
No añoro pasar una mañana haciendo cola. Primero, la cola para saber en qué cola debes colocarte y, segundo, la cola propiamente dicha. Resultado: cuatro horas de tu vida tiradas a la basura. Siento escalofríos recordando el madrugón, la búsqueda de la silla libre, el balanceo de las piernas para facilitar el flujo sanguíneo, repasar la documentación requerida, la mirada perdida o las sonrisas cómplices hacia esas madres que se veían obligadas a esperar con su hijo recién nacido. No, no lo echo de menos.
Hace unos años, algún iluminado decidió que la tortura podía cambiar con un pequeño gesto. Y, así, la cita previa se convirtió en la piedra angular de nuestro sistema de atención al público. La pena es que esta medida no surgió por la necesidad de hacer la vida más agradable a la ciudadanía maltrecha, sino que la impusieron la pandemia y su distancia de seguridad. La persona contribuyente, la pérdida de su tiempo y sus dolores de cabeza no están en el centro de las decisiones que toma la Administración. Se nota.
Recibes una multa. Vaya por Dios. Exceso de velocidad. Haces memoria. ¿Dónde estabas ese día y a........
