Controlar la inflación
Controlar la inflación
Clienta elige productos en un supermercado. / FERRAN NADEU
¿Podría un adolescente aburrido de Cuenca (o de Sebastopol, el sitio es lo de menos) penetrar en el sistema de refrigeración de un supermercado para convertir los frigoríficos en hornos? Podría, sí. Está ocurriendo en media Europa. Cuando los jefes de planta de esas grandes superficies llegan a su puesto de trabajo, observan con estupor que las neveras se han puesto a cincuenta grados. Ellas solas en apariencia, pero no: hay alguien que se divierte subiendo la temperatura de algunos alimentos de los que es preciso desprenderse enseguida porque la carne podrida huele a muerto. Entendámonos: en las carnicerías no compramos exactamente carne, sino carne cosificada, es decir, carne convertida en objeto. Si pensáramos que cuando adquirimos un muslo de pollo estamos procurándonos un muslo de pollo de verdad, si pensáramos en el pollo entero y vivo, con sus angustias y sus necesidades, cambiaríamos ese muslo por una berenjena. Ignoro a qué temperatura deben........
