Anacoluto
José Francisco Conrado de Villalonga
Todos, a veces, empezamos una frase de una manera y la terminamos de otra. Seguramente, es más humano caer en el anacoluto que hablar sintácticamente, que resulta artificial y probablemente más rígido
Anacoluto / Crédito: Pixabay/CC0 Public Domain.
En una animada reunión en la que intervenían un grupo personas conocidas, me entretuve observando los temas que salían a colación y, sobre todo, la forma en la que se estructuraban las frases, en cómo se respetaba o no el rigor gramatical. En la mayor parte de las conversaciones, el inicio de la oración no concordaba con final, los hablantes, seguramente, cambiaban de idea en mitad de la frase y la coherencia de la oración quedaba «colgada»; en consecuencia, se difuminaba, o burlaba, el cometido que inicialmente pretendían trasmitir. Costaba mucho seguir las argumentaciones y, en algún momento, perdía el contenido de fondo de la conversación. Llegué al convencimiento de que pensamos más rápido de lo que hablamos, o al revés, hablamos más rápido de lo que pensamos. Ocurría que, algunas veces, empezaban con un enunciado de algo y en medio de la frase se reorganizaba la idea, lo que se quería transmitir «descarrilaba». Por ejemplo, una chica dijo: «Yo, cuando voy al cine, las palomitas me gustan saladas», y otra le contestó: «Yo los domingos eran lo peor». Vale, y… las dos se entendieron y dijeron, ¡claro! Quien lo comprendió solo a medias fui yo; entonces, decidí retroceder hasta la memoria del periodo de bachillerato para saber si existía alguna figura gramatical que definiese esta peliaguda forma de expresarse y, ¡sí!, la encontré. Es el anacoluto. Se trata, el anacoluto, de un error en la comunicación que rompe la estructura gramatical de la oración y conlleva que el inicio de la locución no encaje con la conclusión. Dichoso anacoluto, ¡vaya «palabro»! feo, antiestético.
Después de conocer esta «figura», el anacoluto, como desliz sintáctico, o tropezón en la expresión, pensé un poco más y llegué a otra conclusión, que podría tratarse de un fenómeno lingüístico fascinante, que revelaría que el funcionamiento de la mente de algunas personas, su capacidad expresiva, -inesperada y sorprendente-, era producto de una mayor rapidez en su funcionamiento neuronal y de una gran fluidez mental de quienes se embarullan hablando. Inician la conversación de una forma y en el momento que surgen nuevas ideas se incorporan sobre la marcha. Esto indicaría una mayor espontaneidad de la persona o que el cerebro no prepara las frases antes de pronunciarlas, sino que las improvisa. Para mí, que escuchaba, resultó toda una aventura, observar cómo la gente empezaba en un punto y no era fácil prever como acabaría. Estaríamos no solo ante un sintáctico error de construcción gramatical, sino también ante el reflejo de la personalidad de quien habla.
Al final de la cena hubo un festival de anacolutos. Un compañero vehemente y entusiasmado por una de las chicas lanzó la siguiente galantería: «Yo, cuando pienso en ti es que no sé por dónde empezar». ¡Bueno!, vaya, amigo, vas mal, ¿entonces qué hacemos? - ¡anacoluto amoroso!- Contestación de ella: «Yo, si me dices eso, porque claro… la gente luego, pues no sé». El interesado volvió a insistir: «Yo, lo que quería decirte, bueno que mañana mejor». Ella contestó: «Yo cuando digo las cosas, que luego pasa lo que pasa». Creo que no sabía lo que pasaba, pero seguro que pasaría algo. No me interesé por cómo acabó el flirteo, pero sí en que se trataba de un cóctel de anacolutos, ¿verdad?
Noticias relacionadas y más
Salud, la nueva esclavitud
Todos, a veces, empezamos una frase de una manera y la terminamos de otra. Seguramente es más humano caer en el anacoluto que hablar sintácticamente, que resulta artificial y probablemente más rígido. No defiendo el anacoluto en la forma de comunicar, ¡vaya lío en el que nos meteríamos!, pero podríamos considerar que es una prueba de flexibilidad, y de curiosa creatividad. A partir de ahora, después de esta somera divagación, cuando alguien me hable y sus frases «descarrilen» no intentaré corregirle, podría tratarse de una persona que triunfa sobre el rigor. El anacoluto puede considerarse un caos sintáctico, se empieza con seguridad y se termina en la niebla, aunque también puede entenderse que es literario. James Joyce en su Ulises desconsidera la corrección gramatical para dar paso la autenticidad expresiva del personaje.
Suscríbete para seguir leyendo
La mejor nevada del año de Mallorca incrementa las reservas de los embalses de Gorg Blau y Cúber
Las viviendas en suelo rústico ya tienen cifra: Mallorca suma 55.256 casas
Hallan 64 trabajadores sin papeles en las obras de reforma de un hotel en Cala Millor
Sorpresa en Palma: Pastelería Cirer se hace con los locales del histórico Forn La Mallorquina
Toni Mora, el albañil de Santa Margalida que convierte las tejas en arte
Oriol Lafau, tras superar un ictus: 'Ahora quiero ayudar a los pacientes como yo
Las vaquerías que suministraban a Agama enviarán toda la producción de leche a Valencia
Malestar entre los pacientes por los cambios en la Unidad de Arritmias de Son Espases: 'Ya no funciona igual
Salud, la nueva esclavitud
Semana Santa con Ratzinger y Habermas
Una nueva línea de metro para acercar Palma y mejorar la vida de la gente
‘Quo vadis?’ o algunas reflexiones sobre las procesiones de Palma
El Ventorro absuelve a Mazón
