Lecciones desde Hungría
Lecciones desde Hungría
Según sus estimaciones, Fidesz y sus aliados «controlan actualmente alrededor del 80 por ciento del panorama mediático»
Péter Magyar, líder de la oposición húngara, en un acto en Budapest.El líder del partido de la oposición húngaro Tisza, Péter Magyar, pronuncia un discurso durante una manifestación en la Plaza de los Héroes de Budapest. BUDAPEST (Hungary), 12/03/2026.- (FILE) - Leader of the Hungarian opposition Tisza Party Peter Magyar delivers his speech during a demonstration at the Heroes' Square in Budapest, Hungary, 23 October 2025 (reissued 11 March 2026). Hungarian parliamentary elections are scheduled for 12 April 2026, pitting Prime Minister Viktor Orbán's Fidesz party against his opponent Péter Magyar's Tisza party. Fidesz has dominated Hungarian politics since 2010, securing supermajorities in 2014, 2018, and 2022 thanks to nationalist policies, control of the media, and tensions with the EU. Péter Magyar, a former Fidesz member, currently leads among committed voters, boosted by anti-corruption appeals and economic demands. (Elecciones, Hungría) EFE/EPA/BOGLARKA BODNAR HUNGARY / BOGLARKA BODNAR / EFE
La victoria del exmiembro de Fidesz, Péter Magyar, ha requerido aglutinar el voto socialdemócrata, verde, conservador y ultraconservador. Y no era fácil porque durante 16 años Orbán retorció la ley electoral. Redujo el número de escaños parlamentarios de 386 a 199 y redibujó a su conveniencia los distritos electorales: el 16 de Budapest, de unos 85.000 votantes favorable a la izquierda, solo elegía un diputado al Parlamento, mientras el 2 de Tolna, favorable a Fidesz, sólo necesitaba la mayoría de sus 56.000 censados para obtenerlo. Por tanto, en las elecciones de 2022 con el 37 por ciento de los votos emitidos, el espía de Putin obtuvo el 68 por ciento de los escaños.
Orbán colonizó los medios públicos directamente a través de Fidesz, o indirectamente a través de magnates afines, «convirtiendo las emisoras públicas en un medio de propaganda para el gobierno y su aliado ruso», declaró el mes pasado Reporteros Sin Fronteras. «Los medios de comunicación independientes del sector privado se han visto debilitados, amenazados y silenciados mediante la asignación sesgada de publicidad estatal, la suspensión arbitraria de licencias de radiodifusión, la vigilancia ilegal, las campañas de desprestigio y las adquisiciones por parte de oligarcas aliados con Fidesz», afirmaba el comunicado. Según sus estimaciones, Fidesz y sus aliados «controlan actualmente alrededor del 80 por ciento del panorama mediático». Trump está haciendo lo mismo, pero más groseramente, porque es quien es.
Orbán cambió las reglas electorales, colocó a esbirros en agencias gubernamentales antes independientes; destruyó la independencia judicial y reprimió a la oposición política, medios de comunicación críticos y universidades. Pero Magyar ha obtenido el 53% del voto popular frente al 38% de Orbán. Lo ha conseguido denunciando la corrupción con una frase que se hizo viral: «Unas pocas familias controlan la mitad del país»; ha denunciado la frustración de los húngaros por la pérdida de calidad de vida y ha prometido una buena salud pública y jubilaciones dignas. Primando «no las conexiones políticas, sino la clase de persona que es cada uno».
Trump sigue el manual de Orbán, como hacen el resto de los llamados «Patriots», beneficiando a un pequeño sector de individuos ricos y con buenas conexiones a costa de la mayoría de los estadounidenses. Aquellos a quienes Donatella Di Cesare, catedrática de filosofía teórica en la Universidad La Sapienza de Roma, vincula al Tecnofascismo: «Una inédita forma de totalitarismo que amenaza nuestras democracias, una alianza entre tecnocracia y etnocracia, entre la lógica del control y la política del miedo, una nueva forma de totalitarismo que avanza bajo el mando de la técnica y la ley del linaje».
Recuerden la investidura de Trump en la Casa Blanca rodeado de los megarricos de Silicon Valley aplaudiendo. Comparten con Orbán y Netanyahu «una nueva suerte de capitalismo en la que lo importante no es el crecimiento económico, sino una nueva división entre quienes sobrevivirán y quienes sucumbirán». Comparten un racismo muy cualificado por diferencias culturales insuperables, en la que el islam se convierte en una encarnación diabólica: «Musulmán el que no bote» les cantaban en el estadio a los egipcios (y a Lamine Yamal), por ejemplo. Tienen un influjo religioso exacerbado, bien de los sionistas, bien de los evangelistas más radicales, bien de los ultracatólicos, o de Peter Thiel, el tecnócrata multimillonario que teoriza con la llegada del apocalipsis. Y luego está JD Vance, obsesionado con ovnis conducidos por demonios.
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Para conseguir sus objetivos necesitan destruir Europa y nuestro modo de vida por cuanto consideran que impedimos la efervescencia de los viejunos estados europeos. El Papa León XIV ha apelado a a levantar un dique «contra ese delirio de omnipotencia». Y ha dicho: «¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza!» A ojos de esta gente, se trata de otro comunista como su predecesor, Francisco. Como cualquier otro que les ponga en evidencia. Pero cada vez son menos. Regocijémonos del precioso mes abril.
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