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Cuestiones de guerra

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Emotivo reencuentro en Gaza: los bebés evacuados al nacer regresan con sus familias tras dos años de guerra

Me pregunto si ya ha nacido el nuevo Aylan, el niño sirio de tres años cuyo cuerpo apareció en una playa turca en septiembre de 2015. Me pregunto cuántos pequeños que ahora corretean entre las piernas de sus padres, ríen con sus juegos o lloran a medianoche acabarán perdiendo la vida por culpa de una guerra que ni él ni medio mundo entienden.

Me pregunto cuántos de los miles de soldados que EEUU ha enviado al Golfo para preparar la operación «Infierno» regresarán a su país en un ataúd. Cuántos quedarán petrificados en la memoria de sus familiares con una eterna y ausente sonrisa juvenil. Cuántos perderán la vida en una misión promovida por un político que ni siquiera tiene muy claro para qué servirá.

Me pregunto cuántos millones de personas perecerán bajo las bombas o sucumbirán al hambre o a las enfermedades provocadas por la onda expansiva de esta última locura bélica. Cuántas verán sus vidas precarias hundidas en una pobreza insoportable, su futuro cegado por las violencias que siempre pare la violencia. Cuántas emprenderán el camino desesperado de la migración. Cuántas lograrán alcanzar las fronteras cada vez más hostiles de la Unión Europea. Cuántas se convertirán en el chivo expiatorio de la ultraderecha.

Si la guerra se alarga y se traduce en una recesión global, me pregunto qué pasará en nuestras calles. Cómo impactará esa nueva crisis en el mercado laboral y de la vivienda. Cómo cincelará las perspectivas de los jóvenes. Cuántos más creerán las mentiras de Vox o Aliança Catalana (esos que tanto aplauden a Trump). Cuántos serán adoctrinados en el catecismo del miedo y el odio, en el desprecio al diálogo y a los valores humanistas.

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Me pregunto cuánta miseria física y moral será capaz de provocar la ignorancia, la soberbia y la ambición de un hombre de casi ochenta años y su inconmovible corte tecnológica que han hecho del mundo su particular Monopoly desdeñando las reglas del juego. No me pregunto quién ganará la guerra, la gran cuestión es cuán profunda será la herida y cuán larga será la sanación.

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