La oledera
Creado: 12.09.2026 | 06:00
Actualizado: 12.09.2026 | 06:00
Crecí en una casa de campesinos, en los sesenta, donde el cuarto de aseo lo componían: una palangana en el corral y la cuadra de vacas. Me educaron en un colegio de curas, en los setenta, donde nos orientaban a ducharnos una vez a la semana. En el colegio, cuando la Facultad, por los ochenta, las duchas se visitaban dos veces por semana, salvo sudada en el gimnasio o el patio.
En mis lecturas de entonces, en las novelas de Henry James o Aldous Huxley, me asombraban los hábitos de la aristocracia británica de la época victoriana, lo de cambiarse de ropa cada vez que bajaban al comedor y antes, hacerle una visita a la ducha. Ahora, cincuenta años más tarde, los nietos me dicen que hay que ducharse al menos una vez al día y algunos ya alertan que no menos de dos. Y arrugan la nariz sin descanso, avizorando como aves de presa a la víctima que pase por sus linderos con el mínimo aroma corporal natural. La crucificarán sin compasión como doctor en guarrería. Así........
