Amorraos
Creado: 12.04.2026 | 06:00
Actualizado: 12.04.2026 | 06:00
Se nos pasaron las lecheras hace décadas, cuando León censaba más de 25.000 explotaciones lácteas a las que fiar un horizonte de desarrollo arraigado en los recursos propios. Amorrada a la teta, la provincia leonesa disfrutaba del liderazgo del sector, cuando en cada cuadra había como mínimo una Mora, una Emperadora, una Duquesa y una Rubia que heredaban los nombres dentro de una especie de dote asociada al pesebre. Pero las sagas de las vacas se perdieron, junto a las tajuelas, el zumbido de la ordeñadora al atardecer y los veterinarios que sabían interpretar el aviso del palo con un trapo blanco atado a la puerta de la casa de los ganaderos. Sólo quedan los narigones, que ahora no se aplican para el destete, sino que se han reinventado para el uso de unos cabestros que se uncen solos al yugo de las modas. Apenas restan establos en la montaña, donde se perdió la oportunidad de asentar un pilar al que amarrar población al territorio, herido ya allá por entonces por la mastitis de la falta de apoyo político para planificar a largo plazo y por la ausencia de impulso industrial. Por si faltaba incentivo, vinieron los cupos, con el abandono patrocinado, y las maniobras de la UE que han acabado por convertir en zona deficitaria una tierra a la que se le arramaba la leche.
Hoy, las escasas 166 explotaciones que resisten, por debajo del ecuador leonés de la costa del fréjol en su gran mayoría, apelan al orgullo para enfrentarse a los parásitos de siempre. No hay remedio que los aplaque, como advierten los ganaderos abandonados a luchar contra el monstruo de la industria que, otra vez más, les obliga a bajadas de más de 7 céntimos el litro, mientras crecen las facturas del gasóleo y los piensos. Si no aceptan, ahí les quedan los tanques con más de 6.500 litros diarios para tirarlos por el prao. No hay quién lo aguante. A ver quién da la patada al caldero ante un método de extorsión perfeccionado con el tiempo, como aquel del cártel de la leche, mientras las administraciones se ponen de perfil, pese a la vulneración de la Ley de la Cadena Alimentaria, y las comercializadoras aprovechan para hacer negocio en los lineales de los supermercados con importaciones de sello ambiguo. El mercado, lo llaman, quienes siempre se agarran a la teta.
