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La primavera y sus alergias

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24 de abril 2026 - 03:07

El fenómeno se repite todos los años. El calendario anuncia el buen tiempo, las tardes se estiran y, sin embargo, el espíritu se aletarga como si todos los días fueran lunes y nos cuesta arrancar. Esta pereza que nos invade en primavera es algo más que falta de voluntad; a menudo es una mezcla de ajustes biológicos, ruido ambiental y expectativas sociales que no van al mismo paso que nuestro organismo.

La primavera trae cambios. Sobre todo, modifica la luz. Más horas de claridad alteran el reloj interno que regula el sueño, el apetito y la energía. Como venimos de meses con horarios más recogidos, el cuerpo necesita días e incluso semanas, para adaptarse. Sin ser conscientes de ello, nos acostamos más tarde, dormimos peor y al día siguiente amanecemos con esa niebla mental que nos cubre el alma de desgana. Súmenle a ello que el polen, la congestión y el aumento de histamina, en lugar de euforia, nos provocan una fatiga discreta y persistente, debido a que los cambios bruscos de temperatura –mañanas frescas, mediodías cálidos, tardes ventosas– obligan al cuerpo a gastar más recursos en termorregularse y sumado todo aumenta nuestra irritabilidad y desciende la capacidad de concentrarnos.

No es el único componente mental del asunto. La primavera viene cargada de consignas: salir más, ponerse en forma, empezar proyectos, “renovarse”. Cuando la energía real no acompaña a esa narrativa, aparece la culpa, y ésta nos inmoviliza. La desgana primaveral se justifica como el antídoto ante los marketinianos mensajes que definen a estos meses como una orden de entusiasmo de obligado cumplimiento, cuando en realidad es un periodo de transición. No todas las plantas florecen el mismo día. La vida transcurre mejor, como los ríos, cuando el cauce se ensancha y el agua se desplaza con lentitud. La pereza, entonces, deja de ser un defecto y se parece más a un umbral: una pausa breve antes de volver a caminar con ligereza. Porque pronto llegará el verano, y con él las vacaciones, y los nuevos e ilusionantes fichajes del club de nuestros amores, que nos devolverán la esperanza y los sueños de que la nueva temporada –“esta vez sí”– colocará al club cuyos colores pintan nuestro corazón en el lugar que por afición nos corresponde. Y así hasta dentro de doce meses, donde cuando nos eliminen “una vez más”, nos invada el desánimo y volvamos a culpar de ello a la primavera y sus alergias.

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