Discursos institucionales
Los actos institucionales, esos de traje, corbata, los señores. Las señoras (también las de la paridad de género) elegantes en su sobriedad y con la presencia de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas (esta vez ausente). Con cierto regusto a película de Berlanga, suelen tener de telón de fondo el discurso de la ‘primera’ autoridad (menos mal que no éramos Irán, lo cual nos permitió oír de viva voz a Óscar Portas). Discurso que se nos antoja a modo del ‘estado de la nación’ con las dos cámaras en pleno, con la iglesia de telón de fondo y los aperitivos del Bar Centro como testigos ‘sonoros’ de su alocución. Aprovechó Portas para ensalzar el trabajo hecho y anunciar lo pendiente. En nuestro caso, Formentera, se circunscribe a cuestiones domésticas que trastocan ciertamente la convivencia y que necesitan no solo de proclamas voluntaristas, si no de una acción concreta en la que deben participar todas las administraciones, incluida la ‘tienda de los horrores’ (como definen los sevillanos al Ministerio de Hacienda, dueño de nuestros dineros) De su discurso, permítame señor Portas, que extraiga ciertas consideraciones, como la de los «inspectores» de turismo (dos dice usted) me parecen pocos para regular lo que hoy es una picaresca que se traduce en la carestía y encarecimiento de la vivienda, tan necesaria en una sociedad que padece de precariedad en este aspecto. Bien es verdad que no solo hay un culpable (no se trata de usted, válgame dios), si no que la falta de políticas estructurales en esta materia por parte de ‘nuestra democracia’ ha causado este desaguisado general. Ese cortoplacismo que se instala en la Moncloa sea el inquilino que sea, trae estas carencias. Si fueran tres, mejor que dos, pero… La otra ‘parte de la parte contratante’, esa que se refiere a los efectos de las políticas de migración en nuestra sociedad y después del reciente episodio de alteración de la convivencia entre jóvenes de ‘allí y de aquí’ (para ser políticamente correctos) necesita una reflexión mucho más profunda y la implicación de las tres administraciones, especialmente la central para adecuar las acciones pertinentes a las necesidades reales de cada sociedad. No es lo mismo una población de seis mil (si, seis mil) ciudadanos, que una conurbación a partir de un número considerable donde las alteraciones pueden difuminarse en un contexto amplio. Aquí cualquier salida de tono, repercute directamente en toda la sociedad y eso, querido presidente, conlleva a respuestas anímicas, poco o nada deseables para este escribidor. Como puede observar todo en lenguaje críptico, no sea que…
