Ni muertos dejan de molestar
Hoy me he levantado «pelín» masoquista y he decidido leer los comentarios escritos en las redes sociales al artículo sobre los migrantes sin identificar enterrados en el cementerio de Formentera.
Por desgracia, no me ha defraudado el tono global, pero, para mi sorpresa, no he leído ninguno (todavía) que me conmine a llevármelos a casa si tanta pena me dan ni he visto que nadie hable de lo ladrones, violadores y malos malísimos que son todos los extranjeros que llegan a España en patera (los que lo hacen en avión privado o megayate ya sabemos que son todos seres de luz).
En esta ocasión, de lo que más se quejan los lectores es del inasumible e injusto coste que supone para sus bolsillos financiar, con sus impuestos, un sencillo féretro, un nicho en el cementerio y «el mantenimiento».
Ojiplática me hallo. ¿Qué será lo siguiente, exigir que dejen de respirar en cuanto entren en aguas españolas para que no gasten NUESTRO oxígeno?
Pero, en el fondo, entiendo a los autores de los comentarios. A mí también me da mucha rabia que, con mis impuestos, se paguen, por ejemplo, los gastos médicos de los fumadores. Haciendo un paralelismo con una de las opiniones que decía «que no vengan» los migrantes, yo propongo que no fumen los fumadores. ¿Fácil, eh?
Tampoco me parece bien que se gaste parte de mi sueldo duramente ganado en garantizar la paz y la seguridad en los súper partidos de fútbol, con ingentes despliegues policiales. Que se maten los ultras entre ellos o, simplemente, que no jueguen al fútbol. Total, ¡a mí no me gusta!
En este orden de cosas y atendiendo a la deshumanización generalizada, ahora estoy maquinando mi último plan, la venganza total. Cuando vea a la parca llegar, me subo en una patera, pongo rumbo a Argelia y, en cuanto llegue cerca de sus costas, la palmo y que me entierren ellos al estilo musulmán y a gastos pagados. Animo a los españolitos de bien a hacer lo mismo, a ver si aprenden los habitantes de esos países tercermundistas lo caro que nos sale la muerte de sus hijos.
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