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Vuelven ideas y enfermedades

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Vuelven ideas viejas y enfermedades antiguas, como el sarampión. Vivimos en un revival. Prende ahora con fuerza entre los chavales el virus del pensamiento que aboga por la mano dura y el miedo más bien reaccionario a lo que viene de fuera. Nada nuevo. Hace algunos años se inclinaban por el otro extremo, cuando el movimiento del 15-M trajo de vuelta las asambleas de facultad tan típicamente setenteras.

Tiene su lógica. Lo propio de los adolescentes es llevarle la contraria a los padres; y lo de los jóvenes en general, rebelarse contra el poder, que no deja de ser imagen paterna. Unas veces lo hacen levantando el puño y otras estirando el brazo a la romana; pero el fondo de la cuestión es más o menos el mismo.

Curiosamente, ha regresado también por el túnel del tiempo el sarampión, dolencia de otra época que había sido eliminada en España hace una decena de años gracias a las vacunas. Antes de que estas se aplicasen masivamente, la única opción de inmunidad consistía en pasar la enfermedad con la ayuda de una bombilla roja y una buena reserva de aspirinas.

Aquello formaba parte de la normalidad, por más que el sarampión pudiera tener complicaciones de importancia y hasta resultase mortal en un cierto porcentaje de casos.

Todavía hoy el virus se cobra en el mundo la vida de unas 95.000 personas, en su mayoría niños no vacunados, según los cálculos de la Organización Mundial de la Salud.

El virus ha vuelto a transmitirse ahora en España y en otros países europeos, que tampoco vamos a presumir de ser los únicos en estos retrocesos. Creíamos habernos librado de él tras su eliminación oficial hace un decenio, pero se conoce que el pasado siempre vuelve, ya sea en materia de sanidad, ya en el de las tendencias políticas. Incluso las que se pensaban archivadas por la Historia vienen y van.

No hay una explicación única en lo que toca al sarampión. Las autoridades han constatado, como era previsible, un alto porcentaje de personas no vacunadas entre los casos que se detectaron en los dos últimos años; pero a la vez un considerable número de casos importados.

Tampoco es que los tenaces enemigos de las vacunas hayan encontrado eco a sus despropósitos en España, donde los índices de vacunación alcanzan un 97,3% en el caso de la primera dosis y un 93,8% en el de la segunda. Sanidad recuerda, sin embargo, que es necesario superar el 95% en las dos tandas para conseguir una eficiente inmunidad colectiva.

El inesperado retorno del sarampión no deja de ser una metáfora. De alguien inmaduro suele decirse que aún está pasando el sarampión de la juventud. Por fortuna, esa es dolencia que se cura con el mero paso de los años: así en la sanidad como en la política. Quizá no exista razón para alarmarse en ninguno de los dos casos.

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