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85 años sembrando fe

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12.03.2026

Hoy, querido lector, acompáñenos en un recorrido por la vida de un hombre que ha dejado una huella imborrable en generaciones de realejeros: Juan Manuel Batista Núñez, sacerdote, maestro y constructor de comunidad. La información que compartimos proviene esencialmente del exhaustivo trabajo de investigación realizado algunos años atrás por José Peraza Hernández en su blog Diario del Valle. Juan Manuel nació el 7 de marzo de 1941 en San Juan de la Rambla. Su vocación lo llevó al Seminario Diocesano de Tenerife, y en 1966 fue ordenado sacerdote en el Congreso Eucarístico de Icod de los Vinos por el obispo Luis Franco Cascón. Desde entonces, su vida ha sido sinónimo de dedicación constante. En Los Realejos, asumió el cargo de párroco de la Parroquia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción, así como de las parroquias de Nuestra Señora del Carmen en San Agustín y San Joaquín y Santa Ana (El Jardín), extendiendo su labor también a las ermitas de los barrios del municipio. Su etapa se ha caracterizado por hitos inolvidables, como la reapertura al culto del templo matriz en 1993, tras el devastador incendio de 1978. Su labor no se limitó a muros y retablos. Impulsó restauraciones artísticas, promovió cofradías y coros, organizó actividades culturales y enseñó religión en el Instituto Mencey Bencomo, manteniendo en las aulas la misma cercanía y coherencia que mostraba desde el púlpito. Su trayectoria combina devoción, compromiso comunitario y amor por el patrimonio religioso de Los Realejos. Aunque lo más visible de su trabajo es admirable, su verdadera grandeza reside en lo intangible: bautizos, comuniones, confirmaciones, visitas discretas a enfermos, palabras de consuelo y consejos. Su legado se mide en esperanza, comunidad y el cariño de quienes hemos tenido la fortuna de crecer bajo su guía. El pasado 7 de marzo Juan Manuel cumplió 85 años. El título de Hijo Adoptivo de Los Realejos y el afecto de toda una comunidad son solo un reflejo de la gratitud que se le tiene. Gracias, Juan Manuel, por ser pastor cercano, maestro paciente y, sobre todo, un sembrador incansable de fe. ¡Muchísimas felicidades!


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