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Habana

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01.04.2026

Y llegó el comandante y mandó a parar…”. Y Cuba se paró, se detuvo en el tiempo, anclado en ese cantar, y no de sirenas, precisamente. Estribillo de la canción cubana que tanta fama le dio el grupo musical Carlos Puebla y sus tradicionales en la segunda mitad del siglo XX, pocos años después del triunfo de la Revolución encabezada por Fidel Castro Ruz, y resulta que, para más escozor, la administración de Donald Trump ha elegido como potencial director de la transición en el país caribeño a Raúl Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro Ruz (hermano de Fidel Castro). En aquellos años nadie se percató de que realmente, aquel movimiento surgido en Sierra Maestra, que pretendía redimir a la población de la Isla de la pobreza y de la represión, lo paralizó todo, incluso en el tiempo, como se puede observar 67 años después de la caída de la dictadura de Fulgencio Batista, justo en la noche en que se tomaban las uvas el 1 de enero de 1959. Lo que se presentaba como un aliento fresco de libertad y progreso para la sociedad cubana se trastocaría en una auténtica pesadilla de la que aún no ha despertado. Un sueño con ramalazos de esperanza a golpe de promesas incumplidas a cambio de sufrimiento y penuria continuados que se han agudizado a medidas que los aliados estratégicos de la dictadura castrista han ido desapareciendo de la escena internacional, es decir, la antigua Unión Soviética y el régimen bolivariano de Venezuela. El daño sufrido por el pueblo cubano, despojado de su soberanía hace más 67 años, no sólo ha sido infligido por sus gobernantes sino por agentes externos, como Estados Unidos con su bloqueo sistemático e inhumano que sobrevino tras el fracaso de Bahía Cochinos, que de cualquier manera han contribuido a ahondar en su penuria y sufrimiento. Para muestra un botón, como dice el refrán, y recurro a los datos del CEPAL, Banco Mundial y Observatorio Cubano de Derechos Humanos para refrescar algunos datos a tener presente. El 89% de la población de Cuba vive en la más extrema pobreza, con un salario promedio mensual que no alcanza a los 20 dólares. En el informe de 2025 se pone de relieve que la mayoría de la población, salvo la clase dirigente, no puede atender sus necesidades básicas: alimentación, sanidad, acceso a servicios públicos. Esta situación viene dada por un declive sistémico de su economía, que si bien ha experimentado un crecimiento entre 20 y 25 veces con respecto al Producto Interior Bruto de 1959, situado en torno a los 4.000 millones de dólares entonces (80.000-100.000 millones en 2024, según el Banco Mundial), se aprecia que no ha sido suficiente o no ha reflejado el nivel de pobreza severa del país. La renta per cápita de Cuba alcanzó los 4.617 dólares en 2024, según el Banco Mundial, a falta de los datos oficiales del gobierno de la isla. Los datos más recientes sugieren un crecimiento estructural negativo de la economía cubana, basada principalmente en el azúcar y el turismo, agravada por el contexto geopolítico en el que está inmersa. En mi modesta opinión, la justicia social se entiende como herramienta para mejorar y enriquecer la vida de las personas, resolver los desequilibrios económicos y sociales de los pueblos, mediante al acceso libre al trabajo y a la producción de los bienes que contribuyen a la realización personal y colectiva, en un entorno de libertades públicas o democrático. Cuando se pretende imponer la justicia social a costa de la libertad de otros, beneficia a una parte y perjudica a otra, pierde su sentido intrínseco. Cuba, Corea del Norte y China son los ejemplos más palmarios de ese fracaso de un sistema presuntamente idílico, no digamos de la deriva en la que entró Venezuela desde que Hugo Chaves llegó al poder a finales del siglo XX. Creo que para ese tortuoso viaje no hacía falta tantas alforjas.

*Periodista en la reserva y escritor


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