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La estación del mediodía

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Ante el ruido de la ruina y de la tragedia los seres vivos se distancian de la destrucción. Eso ocurre con las flores, que crecen en el desierto o en las lomas más sublimes del Teide, a tres mil metros de altitud. La vida no se negocia, la vida siempre se impone. Pero somos humanos y nuestras cualidades se apostan muchas veces en el revés. De eso precisó hablar, en reunión selecta, la carismática, inteligente y sabia reina Bethany Princeton. Porque reclamaba para sí interpretar el pavor que ante los nacidos auspicia la desgracia dicha que arruina a las almas, que hace tragar el sabor más horrendo de la amargura y de la crueldad. ¿Qué es la cosa más horrible que los humanos podemos perder?, preguntó la........

© Diario de Avisos