Toros y pavo a la plancha
19 de abril 2026 - 03:12
Hubo un tiempo sin cerveza en que se bebían mostos, vinos negros y blancos, fortificados de Jerez y Córdoba. También se achicaban, gaznate abajo, alcoholes duros; a veces metílicos, cuya alquimia intrazable podía dañar la vista. Por extensión, se dice “cogerse un ciego” cuando alguien acorcha su lengua, pega cambayás, llora y babea carrillos ajenos; tercia y pendencia, o desata sus pajarillas (Shakespeare: “el alcohol estimula el sexo, pero dificulta su práctica”). Apenas se bebía cerveza hace cuatro generaciones.
De norte a sur, también se era taurino más que futbolero. Los toricantanos –creación léxica de Quevedo–eran chavales que se negaban a heredar miseria. Dos temporadas me regaló mi abuelo un abono de 9.000 pesetas en la Grada del 9, reservada a jubilados y estudiantes y a escasos metros de los músicos, cuyo maestro decidía cuándo otorgar pasodobles levantando el brazo, o, con ese mismo gesto displicente, castigar de inmediato al torero si lo desarmaban, o su lidia se venía abajo. El Viti y Puerta, ya mayores; Manili, Capea, Manzanares en el pase de pecho y en la suerte suprema de “recibiendo”. Paquirri con las banderillas y el estoque. Vi al de Zahara de los Atunes sufrir una cogida calcada a la que lo tocaría de muerte Avispado, en Pozoblanco.
Para mi memoria queda un domingo de fin de Feria. Ya muchos huidos de los tendidos, aguantamos bajo el mismo paraguas mi abuela y yo un larguísimo aguacero. Mi madre –taurina viuda de un apasionado bético– compartía otro quitaguas con su padre; nuestras rodillas en sus espaldas: qué incómoda es la plaza. En el último del lote, Antonio José Galán, –peluquero de Bujalance– descalzado de manoletinas para no resbalar en el albero, le cortó las orejas a un Miura cárdeno de más de 600 kilos. Ignoraba su destino fatal aquel animal, que se crio en la dehesa como un Apolo. Ya no voy a plazas ni estadios. Y soy más de cerveza que de vino. El tiempo vuela... como volaban las almohadillas estampadas con Cruz Roja al retirarse Curro o Paula con sus cuadrillas en una mala tarde, que la tiene cualquiera.
La tauromaquia no es de derechista ni emérita: ¡paren ese rollo macabeo! Tampoco vale comer pavo de granja intensiva, extrusionado y roseado, pero obviando la crueldad de su dieta healthy: ¡qué indolora moral, si acusas de barbarie a las corridas. (Hipocresía, en griego clásico: teatro con máscara).
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