La economía de guerra de Occidente se adentra en una bahía en Sinaloa
25 de marzo de 2026, Berlín: una bandera roja, blanca y azul se extiende frente a la Puerta de Brandenburgo, icono de un país que se proclama como modelo de democracia y de derechos humanos. La sostienen dos mujeres que llevan en su pecho una consigna: Aquí ¡no! La bandera tiene en su centro un venado cornudo y dos flechas cruzadas. El venado señala la conexión del mundo humano con el mundo sagrado del monte, y las flechas a los cuatro elementos y puntos cardinales que sostienen todo el universo. Es la bandera de la nación yoreme-mayo, una población indígena del noreste de México. Este nombre significa “el pueblo que respeta la tradición”, con lo que se diferencian de la población del hombre blanco, o “yori”, que significa “el que no respeta”. Y, precisamente, lo que exigen las defensoras del territorio yoreme-mayo con su visita a la capital alemana es que los europeos respeten algunos de los principios más básicos del derecho ambiental y de la autodeterminación de los pueblos.
Apenas unos meses antes, estas mismas mujeres sostenían esa bandera en una protesta en su comunidad natal, Lázaro Cárdenas, en el municipio de Ahome, en la costa del Pacífico del estado de Sinaloa, cuna del narcotráfico en México. En esa ocasión lo hacían portando chalecos antibalas, pues ya desde 2024 han sufrido intimidaciones y amenazas por su labor de defensa comunitaria y del territorio. Sus nombres, Melina Maldonado Sandoval y Claudia Quintero Sandoval, están en el centro del movimiento “¡Aquí no!”, compuesto en su mayoría por mujeres mayo-yoreme, autoridades ejidales, municipales y tradicionales de las comunidades afectadas –Lázaro Cárdenas, Ohuira y Paredones–, además de cooperativas de pescadores, sectores académicos, abogados y otros grupos activistas nacionales e internacionales.
Lo que defienden es una bahía: las aguas de Santa María-Topolobampo-Ohuira, hogar de manglares y humedales protegidos, de aves, delfines, manatíes, camarones, ostiones y tortugas marinas, y sustento de miles de familias pescadoras durante generaciones. La amenaza es la construcción de la mayor planta de producción y almacenamiento de amoníaco de América Latina por la empresa Gas y Petroquímica de Occidente (GPO), subsidiaria de la suiza Proman AG (con sede en el paraíso fiscal de Wollerau), con financiamiento del banco alemán KfW IPEX-Bank y garantías de crédito a la exportación del propio Gobierno de Alemania. La planta produciría miles de toneladas de amoníaco al día, para lo cual extraería 2.000 metros cúbicos de agua de mar por hora de esa misma bahía que hoy sostiene la vida de toda esta comunidad.
Ante esta amenaza, Claudia y Melina viajaron a Berlín para presentar una queja oficial e intentar frenar el proyecto. En palabras de la primera: “El KfW IPEX-Bank y el Gobierno federal alemán no pueden eludir aquí su responsabilidad. Su capital financia un proyecto que contamina nuestra bahía y destruye el futuro de las comunidades indígenas. Exigimos que no se destinen más fondos públicos a proyectos que, debido a sus repercusiones sobre las personas y el clima, nunca se permitirían en su propio país”.
El amoníaco se ha convertido en uno de los productos más codiciados del nuevo orden mundial
El amoníaco se ha convertido en uno de los productos más codiciados del nuevo orden mundial
¿Pero por qué Alemania estaría interesada en un proyecto como este? ¿Qué beneficio obtiene, y por qué ahora? ¿Qué significa la lucha de Ohuira contra las plantas químicas que se proyectan en su territorio en términos globales? La respuesta corta es que el amoníaco se ha convertido en uno de los productos químicos estratégicos más codiciados del nuevo orden mundial. La respuesta larga es que, para entender esta conjetura, hay que mirar en múltiples direcciones. Primero, de las orillas de Topolobampo, donde una comunidad indígena lleva once años defendiendo un territorio vivo, hasta el Mar Negro, donde la guerra ruso-ucraniana destruyó en 2022 la principal vía de exportación de gas ruso y reorganizó de golpe la geografía mundial del nitrógeno. Después, al estrecho de Ormuz, donde la guerra entre Estados Unidos e Irán en 2026 cerró........
