Más Cortes y menos corte
Sobra en Madrid poder, sobran estrategias de gabinete, sobran bambalinas, aturden las urgencias, apestan las cloacas en las que se registra una actividad frenética y se apelmazan estratos de mierda de mayor y menor antigüedad en el escalafón. Sobra corte. Desde provincias imaginamos estos días Madrid como un chapoteo de aguas sucias en disputa formando circuitos entre sedes de partidos, redacciones, domicilios sociales, ministerios, portavocías y no sé qué otros centros de no sé qué otros poderes. Sobra ansiedad de poder, sobra miedo a perderlo, sobran performances coordinadas para provocar una impresión de excepcionalidad y precipicio, y sobran intentos desesperados de aparentar que no hay desesperanza. Y no, esto no es equidistancia, sino un poco de distancia: la que da una provincia.
Desde la distancia provinciana se echan en falta reglas de juego y lealtad institucional. Medios de comunicación que no sean cajas de resonancia, parlamentos que no enjuicien delitos, tribunales que no condenen políticamente (bastaría para ello con algo tan elemental como investigar y enjuiciar con sigilo y sin filtraciones), empresas que ganen dinero y paguen impuestos y gobiernos que no legislen por decreto y que presenten presupuestos.
Las luchas de poder desembocaban ocasionalmente en golpes de Estado o en vueltas de tuerca; otras veces, más modernamente, esas luchas se desplazan a escenarios no institucionales donde se generan superioridades e inferioridades alternativas que no tienen que ver con las mayorías o minorías resultantes del sufragio. Cada actor busca el terreno donde se siente más fuerte, y las batallas, por tanto, se multiplican, con escenarios diferentes y lógicas contradictorias. Un lío de corrientes alternas que interfieren entre ellas. La polarización, sin embargo, simplifica esa complejidad, porque es binaria: sí/no, sanchismo/antisanchismo, nosotros/ellos.
Falta confianza en las instituciones y justamente por eso sobra poder
Falta confianza en las instituciones y justamente por eso sobra poder
Falta, en el fondo, confianza en las instituciones y justamente por eso sobra poder, rienda suelta, ruido y río revuelto: demasiadas erres. Defender hoy los espacios institucionales supone exponerse a ser visto como la orquesta del Titanic, o como la familia que toma el té en el salón de la abuela sin darse cuenta de que ella está muerta. Pero desde provincias, donde no te roza la oreja el poder que corre de un lado para otro, se entiende de otra manera: ¿por qué no leer la realidad desde la normalidad........
