Beduinos y papúes
05.03.23Recuerdo a mi padre paseándose impaciente por la casa, mirando aquí y allá, y preguntando en voz muy alta, a nadie en particular: “¿Quién me ha escondido el mechero?”. O los cigarrillos, o las llaves, o las gafas. Sus numerosos hijos, la mayoría niños aún, desperdigados por la casa, hacíamos oídos sordos a la pregunta, por la que no nos sentíamos ni interpelados ni concernidos. La acusación latente –pura irritación– era tan general, difusa e indemostrable que no entrañaba amenaza alguna, tampoco movilizaba ninguna reacción solidaria, mucho menos culpa. La de veces que me he sorprendido a mí mismo repitiendo la misma infundada pregunta, a menudo en mi propia casa vacía.
06.03.26“La perspicacia de los beduinos para distinguir entre objetos muy semejantes es consecuencia de la alta organización de sus facultades perceptivas, perfeccionadas, además, por la práctica de observar de continuo un paisaje de rasgos escasos y poco variables […] Los beduinos disponen de palabras concretas para nombrar cada parte de un todo, pero no de una única palabra para designar el conjunto” (Richard Burton, Mi peregrinación a Medina y La Meca, 1855).
07.03.26Me gusta Riki Blanco desde mucho antes de que El País lo fichara como humorista gráfico, en la huella del Roto. En la habitación donde trabajo tengo colgado un letrero hecho por él que me sigue haciendo tanta gracia como la primera vez que lo vi. Con letras mayúsculas de trazo rojo aparece escrito: SEAMOS OPTIMISTAS, pero de tal modo que las últimas letras de la palabra optimistas se van estrechando y apretujando para hacerlas caber en el espacio del letrero en cuestión. Queda claro que quien escribió la frase calculó mal, al comenzar a hacerlo, el tamaño y grosor de su caligrafía. Días atrás, Riki Blanco publicó una viñeta en la que, sobre la cabeza de una convencional figura de Jesucristo, se leía: “Nos iría mucho mejor si, en vez de ser de izquierdas o de derechas, fuéramos simplemente de izquierdas”. La estampa viene a recordar que el mensaje del cristianismo –otra cosa son la Iglesia católica y sus competidoras– es sustancialmente de izquierdas, y que en estos tiempos en que, de la mano de la reacción neoliberal y conservadora, la derecha y la ultraderecha invocan de nuevo, sin rubor, la religión, quizá sea el momento de enarbolar los Evangelios y emplearlos como arma con que dar la batalla, también en este terreno. Me acuerdo ahora de la sonada “conversión” de André Gide al comunismo, a comienzos de los años treinta. En una entrada de su diario, del mes de junio de 1933, se lee: “Tengo que decirlo, lo que me ha llevado al comunismo no es Marx, es el Evangelio. Es el Evangelio lo que me ha formado”. Poco antes, en una conversación con Ernst Robert Curtius, declaraba: “Entre nosotros, lo que está de moda es la conversión al catolicismo. Lo llaman ‘la conversión’, a secas; como si no pudiera haber otra. Pero yo siempre he sido comunista, de corazón y de cabeza, pese a seguir siendo cristiano; y por eso me cuesta distinguir una cosa de la otra y todavía me cuesta más enfrentarlas”. Mientras escribo esto, pienso en la reciente victoria del candidato demócrata James Talarico en las primarias de su partido en Texas, con vistas a las elecciones legislativas del próximo mes de noviembre. Talarico se impuso netamente frente a la afroamericana Jasmine Crockett, a la que muchos hubiéramos preferido, por su combativa oposición a Donald Trump. La clave del éxito de Talarico ha residido, al parecer, en su insistencia en esgrimir el ideario cristiano en una línea radicalmente opuesta a la del neocatólico JD Vance o la del troglodita Pete Hegseth. Denunciando el auge del nacionalismo cristiano en el partido republicano, Talarico, de tradición presbiteriana, hizo una campaña centrada en la fe y en el amor al prójimo como antídoto contra la división. Una de sus inspiraciones, dicen, es el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, uno de los fundadores de la Teología de la Liberación. Como sea, se confirma de manera cada vez más evidente que en Estados Unidos se está escenificando, más desnuda y dramáticamente que en cualquier otro lugar de Occidente –incluida Latinoamérica–, el retorno de la religión como nueva fraseología ideológica, enmascaradora de polaridades profundas como las que, en los siglos XVI y XVII, convirtieron Europa en un hervidero de crudelísimas guerras. Me pregunto si en este marco no convendría redefinir y reivindicar, más combativamente que nunca, la tan cuestionada y para muchos irritante superioridad moral de la izquierda.
08.03.23“Era ese tipo de gente que hacía las cosas bien, gente educada en una cultura que mostraba al resto del mundo cómo se podían hacer bien las cosas, que después de sus grandes aportaciones a la civilización universal se cobraba las deudas y ejercía su derecho a tratar a los demás de una forma impertinente y desagradable, dejando los asuntos de la libertad, la igualdad y la fraternidad para los neandertales” (Eider Rodríguez, “Corazón de pato”, en Era todo el mismo hueco, 2026).
Los resúmenes del año 2025 destacaron insuficientemente el que a mi juicio fue uno de los grandes acontecimientos culturales del año: la exposición Fabular paisajes
Los resúmenes del año 2025 destacaron insuficientemente el que a mi juicio fue uno de los grandes acontecimientos culturales del año: la exposición Fabular paisajes
09.03.26Los resúmenes del año 2025 destacaron insuficientemente, me parece, el que a mi juicio fue uno de los grandes acontecimientos culturales del año: la exposición Fabular paisajes, con la que Manuel Borja-Villel cerraba su controvertida etapa como asesor de las políticas museísticas de Cataluña. Se trató de un ejercicio práctico y experimental de las ideas y propuestas volcadas por el propio Borja-Villel en Museo........
