Sobre el clímax
Hay pocos inicios tan potentes como el de La Iliada. Ni siquiera la vida se inicia así de avasalladora y autosuficiente. Se trata de dos versos independientes de todo y de todos, perfectos y cautivadores a lo largo de los siglos –“Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles, que causó infinitos males a los aqueos”–, tras los cuales se inicia, propiamente, una sucesión de hechos constantes, densos, repletos de tensión. Un torbellino. El primero jamás visto. Ese inicio es tan imponente que, por ello, eclipsa el final de la obra, sumamente discreto, tal vez, esta vez sí, como el final, propiamente, de la vida: “Así celebraron las honras fúnebres de Héctor, domador de caballos”, dice Homero, antes de dejar de hablar para siempre. Lo que no se suele pensar es que ese final gris es más que razonable, si pensamos que la obra ha acabado un poco antes de su final........
