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Lo de los aniversarios

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14.03.2026

1- Spoiler: este artículo trata sobre diversos aniversarios que se celebran en febrero y marzo. Un par de ellos. Importantes. El de la guerra de Ucrania y el del 23F. Por eso mismo, el artículo parte de la idea de que solo el paso del tiempo permite ver. O ver más. Ver, incluso, cosas sorprendentes. Este artículo va, de hecho, de cosas absolutamente sorprendentes, solo perceptibles en los aniversarios, ese momento paso-de-tiempo. El artículo debería haber salido, a su vez, hace unos días, pero la guerra –en Irán– lo ha ido posponiendo y comiéndoselo con patatas. Por lo que este artículo tratará, constantemente, en cada momento y por ello mismo, sobre la guerra, esa arena que llena todos los zapatos. Y de la que, con el paso de los días –el tiempo, al cabo– sabemos algo más.

2- Sabemos que esta guerra –a) ilegal, b) sustentada sobre otro Universal Humano; el Universal Humano actual no es el de 1945, sino lo que queda del Universal Humano tras dos años de guerra en Gaza; poco– durará lo que duren 1) las municiones –en esta ocasión los juguetes son costosos; se está jugando con cacharros vetados en Ucrania, por ejemplo–, durará lo que 2) admitan los mercados financieros, y durará, finalmente, el margen de tiempo que tardemos en 3) llegar al barril de Brent a 140$ la pieza.

3- Sobre el precio del barril de Brent. Tras el 28F se ha acercado a los 100 pepinos, superándolos el 9M –119, 50$–. La subida no ha sido constante y estratosférica por dos razones. No se vayan, que la segunda es para mear y no echar gota. Razón primera: la Agencia Internacional de Energía ha sacado al mercado 400M de barriles para estabilizar la cosa. Gracias a ellos, la cosa no se saldrá de madre –recuerden: superar los 140$ sería llegar a lo desconocido, esa parte de los mapas medievales en los que se leía hic sunt dracones / aquí hay dragones–, en al menos, claro, 3-4 semanas. El mundo, en fin, le ha dado 3-4 semanas a Trump y a sí mismo. Recuerden ese margen. La razón segunda es, a su vez, la pera: consiste en los mensajes optimistas, aludiendo a la brevedad de la guerra, emitidos por el propio Trump estratégicamente desde el 28F, y sobre los cuales todo quisqui ha elaborado titulares y cosmovisiones. No eran titulares ni cosmovisiones. Eran mensajes al barril Brent, ese crédulo. Y han funcionado parcialmente. Lo que nos lleva a esta mala noticia: a Trump, en términos generales, no le está yendo mal, si exceptuamos esas manchas rojas que le han salido en el cuello, sin duda consecuencia del derramado accidental de agua bendita.

Trump tiene dos problemas. Que el TS se haya pelado el 70% de sus aranceles y lo de Epstein. Pero ni siquiera esas dos cosas le van mal

Trump tiene dos problemas. Que el TS se haya pelado el 70% de sus aranceles y lo de Epstein. Pero ni siquiera esas dos cosas le van mal

4- Trump tiene dos problemas, tal vez relacionados con el inicio de esta guerra absurda. Que el TS se haya pelado el 70% de sus aranceles y lo de Epstein. Pero ni siquiera esas dos cosas le van mal. Esta mañana a primera hora, EEUU ha ganado, con el timo de los aranceles –chi me da un arancel le doy una estampita–, unos 166.000 M$, cantidad que, ya se ha anunciado, no se va a devolver ni harto de garnacha. Lo que confirma uno de los mayores robos de la historia. Lo de Epstein, a su vez, vive dormido bajo el mayor y más hipnótico espectáculo del mundo: la guerra –dice Homero de ella, de su carácter absorbente: “Consume todo de los hombres y ni siquiera los dioses pueden calmarla”; guau–. Por lo demás, el resto de asuntos tampoco le van mal a Trump por el momento. Repasemos brevemente, si dudan, todos los puntos en los que Trump ha metido la zarpa.

5- La reformulación de la violencia interna, practicada en Minnesota, ha resultado. Todo el mundo sabe ahora lo que es y para qué sirve un agente de una agencia federal. Y el experimento, costoso, tan solo ha costado dos fusibles: el jefe de la Patrulla Fronteriza y la secretaria de Seguridad. Lo de Gaza finalizó/cambió de velocidad a la espera de la siguiente casilla: una operación inmobiliaria y el consiguiente desahucio de los habitantes del solar. Ese atentado a los DDHH, a este paso –punto 9– no tendrá especial resistencia u oposición internacional. Para medir el éxito de Trump en Venezuela piensen lo siguiente: lo que EEUU hizo en unas horas en Caracas es lo que Putin lleva años intentando hacer en Ucrania. Así como suena. La blitzkrieg de Trump, me dicen, ha impresionado mucho a Rusia y a China, dos potencias también impresionadas por el desparrame de recursos en Irán. El chuleo a Cuba, otro caso de omisión del derecho internacional, presagia otra acción exitosa y sin protestas. O, lo que es peor, solo con protestas. La Junta de Paz, esa charanga de Trump, en efecto, no está funcionando mucho en todas estas movidas. Pero tampoco –y esto es muy importante– el Consejo de Seguridad de la ONU, desaparecido, posiblemente muerto. Todos estos hechos, más lo de Irán, pueden dibujar lo que está pasando, la agenda, el programa de Trump. O punto 6.

6- Trump está cerrando, mediante el uso ilegal de las armas, todo lo que EEUU no pudo concluir en la Guerra Fría. Es decir, lo suyo no es tanto un plan, como una improvisación emitida a través de la memoria reciente. Trump, un pollo de casi 80 años, está acometiendo todo aquello que puede recordar que EEUU no acometió, o acometió sin pisotear públicamente el derecho internacional y los DDHH. Palestina, Sahara, Irán, Cuba. Más Venezuela, ese ensayo y, se supone, Nicaragua, en breve. Y, claro, lo de Groenlandia. No crean que ese tema, incorporado por Truman a la agenda norteamericana, ha concluido. Incorporar Groenlandia a EEUU empieza a ser algo necesario para el destino de Trump. Para pasar a la historia. Y, por ello mismo, no precisar más recuerdos ni explicaciones para ser recordado, lo que sería la única manera, positiva, supongo, de que Trump sea recordado en el futuro en EEUU.

7- Quien dude de lo bien que le va a Trump, que observe su gran logro de esta semana: la conversión explícita, el abrazo al trumpismo –me temo que esa es la mejor descripción de lo ocurrido– de la presidenta de la Comisión Europea que, sin venir a cuento, extralimitándose de sus funciones, declaró concluido en la UE el periodo, iniciado en 1945, de respeto a las normas. Sí, 24 horas después se desdijo. Pero en su disculpa recordó que Delenda est Teherán. Es decir, que, en efecto, Europa debe abandonar las normas y abrazar el nuevo orden mundial. La presidenta de la Comisión duda, en todo esto trasiego, del mismo concepto de Europa, que no es otro que las normas.

8- La buena noticia –para Von der Leyen– es que es presidenta de una de las 7 instituciones de la UE –o 5.678 si contamos los Estados–, y no una líder del IRA en los años 20, esa década en la que Irlanda era muy quisquillosa ante el hecho de que alguno de sus líderes se pasara al enemigo. No es anecdótico, en todo caso, el léxico de la presidenta, como no lo es que ese léxico se esté utilizando cada vez más entre sus compañeros de partido –Merz está sembrando también todos esos indicios léxicos en sus discursos–, que gobiernan en coalición el exmotor de Europa, estropeado por las malas decisiones en 2008 –una, y no la menor, fue el desprecio de las normas–. Hay una crisis democrática ya explícita y mundial y, como en la anterior, en 1939, tras la Batalla de Francia, el grueso de líderes europeos no ve mayor problema en asumir, tan ricamente, parece, un cambio de reglas. En esta emisión, parece ser, no hay Churchill en Europa. Lo que explica que Europa se haya rendido antes ya de la Batalla de Francia. En lugar de un plan para defendernos de la postdemocracia, parece ser que vamos tirando a través de la guerra cultural. Tanto Meloni como Sánchez, por ejemplo, practican, en solitario, las mismas políticas ante la guerra de Irán –denegar uso bélico de las bases americanas, si bien aceptando la participación en la procesión–. Solo que una –Meloni– emite con todo ello nacionalismo, mientras que otro –Sánchez– emite nacionalismo y sensación de vivir.

9- Von der Leyen ha dado un paso adelante muy importante. Del que no hay vuelta atrás, aunque, como ha sido el caso, se teatralice. Y Europa, esa es la sospecha, no puede formular ese hecho, solucionarlo, penalizar a Von der Leyen, sin desintegrarse. Si Sánchez o Meloni dieran un paso para adelante, si dieran forma eléctrica a la defensa, efectiva, de la legalidad, se lo quedan. Son tiempos volubles. Tiempos en los que un colgado puede llegar a ser, alehop, alcalde de New York. Lo voluble, en este caso: dependiendo del léxico, de la operatividad, de la valentía, este vacío europeo ciudadano, y aún –o nunca– no institucional ante el maguismo, se lo puede crear la extrema derecha/Meloni –que tendría guasa–. O Sánchez. Y el drama –otro– es que no sabemos quién se lo quedará. Tal vez nadie.

10- El pasado 24F, un aniversario eclipsado por el 28F/Irán, se cumplían cuatro años del inicio de la guerra de Ucrania. Por ello querría hablarles de dos de sus frutos más espectaculares: a) los drones y b) las llamadas a una guerra en Europa.

11- En la IGM no se llegó a formular, hasta muy tarde, cuál fue la gran aportación tecnológica que lo cambiaba todo. Se creyó, en su momento, en directo, que era la artillería, la aviación, el gas. Pero no fue hasta bien avanzada la guerra cuando se descubrió que, en realidad, el nuevo elemento era la ametralladora, un invento antiguo, despreciado, sin fortuna, del siglo XIX. Sobre su importancia cruel e inenarrable: se ha estipulado que la vida media de un soldado fuera de la trinchera era de 2”. E, importante, no fue hasta 1918 cuando se supo cómo combatirla. Lo que habla de la brutalidad vivida durante cuatro años, de la lentitud de la inteligencia colectiva y, más aún, de la lentitud de la inteligencia militar, esa cosa canalizada a través de la verticalidad y obediencia. La ametralladora, su símil, el fenómeno de esta guerra en Ucrania, es el dron. Un arma con una efectividad letal próxima al 100%. Y que, como la ametralladora en su día, no se sabe cómo neutralizar. El dron –el dron cutre, barato, pequeño, teledirigido, portador de una granada– es el terror de esta guerra. Es la muerte segura. Es lo que provoca que miles de jóvenes en edad militar rusos y ucranianos abandonen sus países y huyan. El dron es una metáfora del absurdo en Ucrania. Explica la ausencia de planes, la ausencia de inteligencia. Dos indicativos de cómo hemos llegado aquí. Pero esa guerra aún ha creado otra metáfora. Las declaraciones de guerra, las declaraciones de altos cargos de la OTAN, de la UE, de los Estados y de los Ejércitos, convocando la guerra, que se han ido produciendo desde febrero de 2022.

12- Se trata de llamadas al rearme y a la guerra literal, que nacen pronto, en el mismo febrero de 2022 –Olaf Scholz, el canciller alemán–. En el primer aniversario, Rob Bauer –presidente del Comité Militar de la OTAN– ya hablaba de un futuro “conflicto total y prolongado con Rusia”. En abril de 2023, Christopher G. Cavoli –comandante supremo aliado de Europa de la OTAN– señalaba a Rusia como una amenaza y un alto riesgo de confrontación. En enero del 2024, Micael Bydén –comandante de la FFAA de Suecia– habló de “prepararse mentalmente para la guerra con Rusia”, y el también mando sueco Carl-Oskar Bohlin aludió a una guerra en territorio sueco, por las tensiones militares en Europa. Por esas fechas, Patrick Sanders –jefe del Estado Mayor de UK– hablaba de que el Estado debía movilizar a la sociedad ante una próxima guerra con Rusia. El ministro de Defensa de la RFA, Boris Pistorius, llamaba a la preparación de la guerra con Rusia, que se iniciaría en 5 u 8 años. En febrero de 2024, Macron habló del envío de tropas a Ucrania, así como de una “confrontación ampliada”. En noviembre de 2025, Fabien Mandón –Jefe del Estado Mayor de las FFAA de Francia– habló de una probable guerra con Rusia, en la que Francia “debería aceptar la pérdida de sus hijos”. En diciembre de 2025, Mark Rutte –secretario general de la OTAN– habló de una guerra en Europa similar, en su intensidad, a la vivida por “nuestros padres y abuelos”. En términos parecidos han hablado en 2024 Carsten Breuer –Jefe de las FFAA alemanas– fijando fecha para la guerra –“antes de 2030”– y políticos de la UE, como Charles Michel, Kaja Kallas, o políticos estatales, como Donald Tusk –“Europa vive una era prebélica”–, o Grant Shapps, ministro de Defensa de UK –“estamos en preguerra con Rusia”–.

La élite europea no para de aludir, constantemente, a la guerra, no para de anunciarla, de ponerle fecha

La élite europea no para de aludir, constantemente, a la guerra, no para de anunciarla, de ponerle fecha

13- Como en 1914, hay políticos y militares que saben cómo empezar una guerra, pero que ignoran cómo defender un sistema sustentado en normas. La élite europea no para de aludir, constantemente, a la guerra, no para de anunciarla, de ponerle fecha. Sería una guerra en la que, en ninguno de sus bandos, se defenderían las normas internacionales, es decir, las internas, la democracia. La combinación es tóxica. Lo suficiente como para hacer algo serio –¿quién?, ¿cómo?, ¿dónde?– con Von der Leyen, la primera y más alta y contundente emisión de trumpismo institucional en Europa.

14- Aniversario del golpe del 23F. Dos cosas que sobresalen en el tiempo. La apertura de los archivos del 23F y la reformulación del intelectual en España.

15- La publicación de los archivos del 23F ha configurado un fenómeno similar al de la publicación de los papeles de Epstein, esa otra emisión parcial, incompleta, desordenada descontextualizada… inútil, de documentación. En esta emisión de transparencia, el Estado no ha sido transparente. El caos desclasificado no sirve en absoluto al investigador, no orienta al ciudadano y deja las cosas como estaban. En la inconcreción, en el campo de las leyendas urbanas, en la discusión de casino. El puro despiste y la incompetencia ha publicitado, no obstante, un dato fabuloso. Una reunión de Juan Carlos I, antes del juicio del 23F, con Milans del Bosch. Es decir, el rey se entrevistó con un golpista, al menos después del golpe, para, al parecer, saber y pactar la información que el militar modularía en el juicio. Lo que no solo es feo, sino que es del todo improcedente. En palabras del catedrático de derecho procesal Jordi Nieva, esa acción podría adentrarse, incluso, en el delito de obstrucción a la justicia. El 23F es algo tan oscuro que, cuando se depura, se desarticula, se reordena para que prime la luz, es aún más oscuro. Ahí hay, forzosamente, tomate.

16- Sobre la reformulación del intelectual español. La desclasificación de documentos fue, en todo caso, una respuesta gubernamental a una solicitud pública del escritor Javier Cercas. Lo que habla de su acceso sobre, con, según o tras, el Estado. En todo caso, el escritor participó en toda esta juerga interpretando los documentos, al por mayor. Al contrario de lo que se desprende del punto 15, los documentos, para él, confirmaban la versión del Estado. Lo que confirma al intelectual español como una confirmación del Estado. El intelectual español, que al menos hasta el 23F –por poner una fecha– y desde el XIX, parecía responder al modelo francés –el intelectual como voz civil, opuesta, por ello, al Estado cuando se pone incivil/las más de las veces–, pasó a ser algo más próximo al modelo alemán, un modelo en funcionamiento desde la unificación del XIX –el intelectual como alguien que omite lo personal para defender lo colectivo, que es el Estado, su proyecto–. Como ven, es un cambio muy radical y muy rápido. Es decir, muy violento. Traumático, incluso. La identificación del intelectual con el proyecto del Estado, con la restauración de la democracia, en la forma e intensidad que el Estado decide, es, por eso mismo, el gran producto, la gran originalidad cultural española. La España democrática, en ese sentido, carece de grandes y determinantes novelas y autores. Es más, todos los grandes autores desde 1978, glorificados, premiados, condecorados en ocasiones, van desapareciendo y olvidándose, junto a su obra, conforme van muriendo. La única excepción parece ser, por cierto, Bolaño, ese raro, ese autor internacional que, por ello mismo, burló todas estas hipotecas locales. El intelectual español es, por todo ello y así como suena, la gran obra, la gran novela de la cultura española democrática. Su gran logro. Su gran producto. Es un oficio nuevo. Un ser dependiente del Estado, vinculado a él. Acompaña al Estado y lo saca de apuros. Interpreta lo que sucedió, sucediera o no, en el 23F. O lo que sucedió, sucediera o no, el 3M de 2004. Práctica una defensa del Estado como no se ve, en ese oficio, en Occidente. Y, curiosamente, si bien su obra no suele cruzar la frontera, es el propio intelectual lo que parece exportarse con éxito al exterior. El mismísimo Cercas, por ejemplo, mantiene una relación à l’espagnole, subsidiaria, con Macron. De hecho, le hizo en su día una entrevista –española: desproblematizadora, simulando una conversación, edificando un diálogo entre políticos e intelectuales ilustrados, cultos, cercanos, empáticos, en contacto; dos regiones del mismo proyecto–. Es decir, Cercas desarrolló, con éxito, un rol que, estoy por decir, ningún intelectual francés hubiera querido o podido desarrollar, sin perder en ello su reputación. Lo que indica que el intelectual español empieza a ser un servicio necesario, una función europea que Europa no acaba de proveer. En un momento de crisis democrática europea, ese tipo de intelectual español, inexistente en Europa, puede colaborar a redefinir la democracia, en la dirección en la que el Estado quiera. A nuestros Von der Leyen les encantará ese servicio. Si es verdad que el intelectual español es la gran obra española, este hecho, absolutamente original, debería refrendarse, en breve, con un Nobel. Y me temo que.

17- El paso del tiempo ofrece objetos sorprendentes, escondidos sin ese paso del tiempo.


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