Lo de Francia
1- Se recrudece lo de Francia y yo pillo un trancazo, construcción que evoca a los diarios de Kafka y a su “hoy Alemania ha declarado la guerra. Por la tarde voy a nadar”.
2- ¿Qué ocurre en Francia? Como sostenía el estructuralismo francés, varias cosas, sincrónicas y en diversos niveles, mientras las personas, para complicarlo todo aún más, nadan o pillan la gripe, según.
3- Básicamente, unos adolescentes empezaron a protestar el 21S en un suburbio de París / la banlieue. Concretamente en el Lycée Saint-Exupéry –Saint-Exupéry: “Ven. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres empezaré a ser feliz”–. Se reclamaba cubrir las vacantes docentes y el absentismo del profesorado, y solucionar condiciones materiales chungas. En pocos días se sumaron muchos institutos, pidiendo cosas parecidas. O peores. Como agua corriente. Piketty, el hombre que fijó la decadencia americana no solo en cifras macroeconómicas, sino en los recortes objetivos en educación –iniciados por Nixon, intensos, programáticos, irreversibles con Reagan–, explica en Le Monde que, con Macron, el gasto en educación se ha reducido en un 20 % –se dice rápido–. Lo que es el fin de la educación pública, su inoperatividad en Francia, EEUU o en Lima. Que conduce a la destrucción del ascensor social. Y que, por lo mismo, conduce también a la herencia como gran mecanismo de acceso no solo a la riqueza, sino a la propiedad de lo hasta hace poco asumible, como un piso cutre o una mayor esperanza de vida.
4- A esos nuevos sujetos –los adolescentes de la banlieue– se han ido juntando otros imprescindibles del fondo de armario social, como universitarios, asalariados, autónomos, pensionistas, que se han ido sumando a las protestas hasta la puesta de largo de su unión, el 17-O, en lo que fue una serie de manifestaciones descentralizadas y gigantescas. Para entonces, el estado de ánimo ante algo muy concreto –la palabra es, me temo, desigualdad– se había intensificado en Francia y extendido a Bélgica e Italia. En Italia, parece ser que de una manera más nítida aún que en las ciudades francesas, también se observó –al menos en Milán– la aparición de otro sujeto nuevo: el menor no migrante, sino rostro pálido o hijo de una inmigración muy lejana como para llamarse así, que practica el saqueo. Y no cualquier saqueo. El saqueo de grandes marcas para adolescentes, a las que no tienen acceso. ¿Incivismo? Claro. Pero más cosas, como una señal de que el consumo, al que obliga el neoliberalismo, ya no es posible, debido al endeudamiento y la pobreza que genera el propio neoliberalismo. Como los migrantes que entraron en........
