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El siglo de las luces

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14.04.2026

Esto es una carta, como su nombre indica. Y el sentido de una carta es tener algo que decir. Hoy en día nadie escribe cartas, salvo el banco, que siempre y de manera constante –como los enamorados, pero sin amor en absoluto– tiene algo que decirte. Todo el mundo habla, en ese sentido, de una crisis de la epístola, un género que se ha muerto, al parecer, de puro viejo, cuando en realidad se ha muerto porque, snif, nadie tiene nada que decir en una carta. De hecho, nadie tiene nada que decir, a secas. Por eso lo suele decir con emoticonos. Los emoticonos suelen aludir, precisamente, a nada. Por eso los bancos no utilizan emoticonos. Esta carta, por lo contrario y en tanto que es una carta, ese objeto viejo a través del cual  se solía decir algo, tiene algo que decir. Concretamente, lo siguiente, dos puntos. Hace pocos días, viajando por una carretera española –grande, recta, vacía y que no conduce a ningún sitio–, me topé con un fenómeno maravilloso, que hacía años que no veía ni vivía. Consistía en que los escasos coches que venían de frente, desde muchos metros antes de cruzarse conmigo, encendían y apagaban las luces varias veces, avisándome de algo con urgencia. Con esas señales, en un lenguaje inventado hace........

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