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En el mejor de los casos

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08.06.2026

Hace unas semanas tuve una revelación. Todo empezó en un bar, como casi todo lo que pasa en Madrid y su presidenta ratifica a menudo. Unos cuantos amigos estábamos en una terraza del barrio de La Latina. Con la caída del sol uno de los camareros puso unos pequeños focos con forma de champiñón con luz roja en cada mesa, y, como suele pasar cuando hay algo novedoso, uno de los presentes cogió uno de ellos. Descubrió que se podía cambiar el color de la luz del cacharro y tras un rato de sicodelia cromática nos percatamos de que había un daltónico en la mesa. Después de descubrir hace unos años la moda del test de Ishihara de los círculos y los números, el daltonismo ya no es exótico. Sin embargo, y aquí llega la revelación, el chico daltónico nos contó que existía una rareza aún mayor: su pareja padecía algo que se llama afantasía. 

La afantasía es una variación neurológica que se resume en una incapacidad de crear imágenes mentales de forma voluntaria, y que se estima que afecta al 4 % de la población mundial. Personas de todo el globo son incapaces de crear imágenes en su cabeza, ya sea para recordar la cara de alguien o hacerse a la idea de una situación concreta, y dependiendo de la gravedad, incluso de imaginar. Son capaces de decirte cómo es una manzana porque la han visto y memorizado, pero su cabeza no la puede recrear. Algo que, unido a la mala memoria, puede explicar la cantidad de gente que prefiere disfrutar de los conciertos desde la pantalla de un móvil, la normalización del........

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