Crimen transnacional: O lo acabamos, o nos acaba
La Seguridad Nacional en los tiempos actuales demanda extremos niveles de transparencia, capacidad, formación profesional, ética y, sobre todo, confianza.
El crimen transnacional adquirió dimensiones gigantescas y despiadadas; los Estados están obligados a decidir si son cómplices o lo combaten. No hay punto intermedio.
Durante dos décadas —con el breve paréntesis de un gobierno transitorio—, Bolivia se convirtió en el refugio seguro para el crimen organizado.
Mientras la inversión extranjera se desplomaba y las empresas privadas eran ahuyentadas, los gobiernos del MAS, en las gestiones de Evo Morales y Luis Arce, le dieron la bienvenida al tráfico de drogas, armas, oro, trata de personas y los delitos digitales.
Los protegieron. Los encubrieron. Los alentaron. Les otorgaron seguridad jurídica. Les complacieron nombrando jueces, fiscales, jefes policiales y hasta militares dispuestos a enriquecerse con este dinero sucio.
Desmantelaron las instituciones, saquearon el país, nos robaron el futuro de las nuevas generaciones y entregaron la seguridad nacional a regímenes corruptos (Irán, Cuba, Venezuela, Nicaragua y otros) y a poderosos carteles.
¿El resultado?........
