Lo que las cifras de suicidio juvenil no dicen sobre clase, género y territorio
Las autoras de esta columna sostienen que el suicidio adolescente no puede leerse solo como una crisis de salud mental individual, sino como síntoma de una sociedad que distribuye desigualmente el sufrimiento. Concluyen que «lo cierto es que en la arena pública la narrativa securitaria se ha impuesto por sobre otros temas de preocupación referente a las juventudes. Será, por tanto, fundamental insistir en la necesidad de realizar estudios profundos, transdisciplinarios y que atiendan a la experiencia de las/les/los jóvenes desde sus implicaciones sociales e interseccionales».
Imagen de portada: Lukas Solís / Agencia Uno
Mark Fisher en Realismo Capitalista ¿no hay alternativa? (2009) sostuvo que los problemas de salud mental deben leerse como un síntoma político propio de las desigualdades e injusticias sociales en las sociedades capitalistas tardías. En efecto, no se trataría tan sólo de “un asunto del dominio individual… justamente, frente a la enorme privatización de la enfermedad en los últimos 30 años, debemos preguntarnos: ¿cómo se ha vuelto aceptable que tanta gente, y en especial tanta gente joven, esté enferma?”. Más tarde en Los fantasmas de mi vida: escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos (2013), en un texto titulado Bueno para nada, escribe en nombre propio su experiencia de malestar: “Mi depresión siempre estuvo atada a la convicción de que yo era literalmente un bueno para nada (…) carecía de la calma confianza de quien ha nacido para ocupar un rol (…) La forma de poder social que más me afectó fue el poder de clase, aunque por supuesto el género, la raza y otras formas de opresión producen la misma sensación de inferioridad ontológica”.
Que el sufrimiento de las juventudes sea un problema que se vuelve “aceptable”, como sugiere Fisher, nos resulta especialmente inquietante si atendemos a la problemática del suicidio. En el marco de la conmemoración del Día internacional de la Prevención del Suicidio destacamos algunos datos disponibles para suscitar reflexión. Desde 2003, por iniciativa de la OMS junto con la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, se instauró la conmemoración de este día fijado para cada 10 de septiembre. Desde entonces, se han sucedido planes de acción, compromisos de Estado, guías clínicas, campañas de sensibilización, pero con el correr de los años los datos epidemiológicos siguen alertando. A nivel global, más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año, siendo la tercera causa de muerte en jóvenes de 15 a 29 años. Además, cerca del 73% de los suicidios ocurren en........
