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La rebelión silenciosa de los bonos

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15.10.2026

Durante 15 años, la deuda pública occidental ha funcionado como la red de seguridad del sistema financiero. Los inversores la compraban cuando temían algo y los bancos centrales cuando querían estimular. Su precio apenas tenía que ver con la solvencia de quien emitía. Esa época ha terminado casi sin enterarnos. El bono del Tesoro estadounidense a diez años ha marcado sus rentabilidades más altas en casi un cuarto de siglo, y el contagio ha cruzado el Atlántico con una rapidez que ha sorprendido incluso a los más pesimistas. Lo relevante ya no es solo cuánto cuesta endeudarse, sino que los mercados han vuelto a preguntarse quién merece que le presten y a qué precio.

Esta vez el punto de partida no fue la periferia europea, sino Estados Unidos. Un déficit persistente en plena expansión, un calendario de emisiones que el mercado digiere cada vez con más dificultad y una inflación que se resiste a bajar han devuelto a la curva algo que parecía olvidado, la prima por plazo. El inversor exige más por inmovilizar su dinero a diez o 30 años porque ya no confía en que la inflación, la política fiscal o el propio banco central sigan un guion previsible. Que los tramos largos suban más que los cortos no es un detalle técnico. Indica que el problema no son los tipos de hoy, sino la credibilidad de mañana.

A ese malestar de fondo se ha sumado el factor........

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