Como menores de edad
El feminismo se ha hartado de denunciar el eterno infantilismo al que se trata a las mujeres con el único fin de someterlas. Las ... mujeres somos de forma permanente menores de edad, tanto que no podemos decidir sobre nuestro cuerpo, nuestra vida, de la misma forma que los hombres. Podemos hablar del aborto, un derecho inestable que depende de los vaivenes políticos y que de nuevo está en peligro en Europa. También de seguir o no en este mundo, aunque la ley te asista. Que se lo digan a Noelia García, que por suerte para ella hoy está donde quería estar, pero tras un sufrimiento alargado innecesariamente.
Precisamente porque somos menores de edad, Vox ha decidido protegernos y va a presentar en el Parlamento de Canarias un proyecto de ley para prohibir el burka y el hiyab. Lo que parece meramente anecdótico tiene un interés real. El partido de ultraderecha se saca de la manga un problema de seguridad pública que, curiosamente, no afecta a las gorras, los bigotes o barbas, o los chubasqueros con capucha. Lo fundamental, insisto, es que lo hace para proteger a las mujeres. Al parecer, en Canarias nos están obligando a utilizar estas prendas sin que nosotras queramos y, claro, ante esa moda inquisitorial llega Vox y nos salva.
Lo preocupante es que esa lógica no se detiene en las mujeres. La idea de que hay ciudadanos a los que hay que guiar, corregir o incluso sustituir en sus decisiones termina por extenderse al conjunto de la sociedad. Y no es una deriva exclusivamente española. El Vox portugués, Chega, plantea eliminar de las lecturas escolares obligatorias al único Nobel lusitano, José Saramago. La justificación es abrir espacio a otros autores. La sospecha es otra: que una mirada crítica e incómoda resulte menos conveniente que una más dócil. Se trata de decidir qué debemos leer, y en consecuencia, qué debemos pensar.
Cuando se nos trata como menores de edad, lo que está en juego no es solo nuestra propia individualidad, también nuestro futuro como sociedad.
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José de Sousa Saramago
