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El caso de Ábalos

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La primera semana del juicio en el Tribunal Supremo por el llamado 'caso Mascarillas', con el exministro José Luis Ábalos, su asesor Koldo García y ... el empresario Víctor de Aldama en el banquillo de los acusados, ha servido para dejar constancia de la gravedad de los hechos que se juzgan, la continuidad en el tiempo y la falta de pudor de quienes entendieron que la administración pública era su cortijo particular.

Preservando siempre la presunción de inocencia y a la espera de que el tribunal dicte sentencia, estos primeros días de vista oral acreditan que hubo contrataciones en el sector público de personas cuyo único mérito era mantener una relación estrecha con el entonces ministro y secretario de Organización del Partido Socialista. Y también que hasta la sede federal de esa formación político fueron llevadas al menos dos bolsas de dinero en efectivo. Veremos cómo lo explican los acusados y en particular José Luis Ábalos, quien fue, de facto, mano derecha de Pedro Sánchez, uno de los pilares de la campaña que lo llevó a dirigir el partido y la persona que subió a la tribuna del Congreso a dar lecciones de ejemplaridad en la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy de La Moncloa.

Tras esas primeras sesiones del juicio, ministros y dirigentes socialistas han reiterado que desconocían los hechos que se juzgan y que tenían una imagen de Ábalos muy diferente a la que se ha visto desde que comenzó la investigación judicial. El propio Pedro Sánchez hizo suyo ese discurso pero tal argumentario se desmorona cuando recordamos dos hitos clave: el presidente destituyó por sorpresa a Ábalos como ministro en 2021 sin dar entonces explicaciones, mientras que en 2023 lo rescató como candidato al Congreso. Resulta difícil de creer que en el primer momento no estuviese informado de lo que ahora se juzga y menos se entiende que perdonase esos comportamientos al rehabilitar al exministro con un puesto de salida en las candidaturas electorales.

Esos silencios de Sánchez sobre episodios tan relevantes no se llenan con señalar que el presidente asumió su «responsabilidad», porque si realmente hubiese sido así, hace tiempo que Sánchez debería haber renunciado a su cargo en el Gobierno y a la secretaría general del PSOE. Su suerte queda, por tanto, unida al veredicto del Tribunal Supremo en el caso que ahora se dirime.

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Partido Socialista Obrero Español (PSOE)

José Luis Ábalos Meco


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