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Duele la derrota y obliga volver a empezar

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01.04.2026

En Monterrey, lejos de casa y cerca de algo que parecía posible, Bolivia volvió a quedarse en la orilla. La derrota 2-1 ante Irak no fue solo un resultado, fue el final de una ilusión que había logrado, por unos días, hacer latir distinto al país ahogado por la gasolina basura.

La Verde jugó. Intentó. Empujó, pero el fútbol no siempre premia al que insiste. Irak resistió, se replegó durante largos tramos, casi cincuenta minutos metido en su arco, y aún así encontró los golpes justos para apagar la historia que Bolivia quería escribir. Esta vez no alcanzó.

No merecía terminar así

Bolivia hizo lo que pocas veces en su historia reciente, propuso, dominó momentos y buscó. No fue inferior. No fue resignada, pero el fútbol, ese oficio cruel, no mide intenciones.

Irak golpeó primero. Bolivia respondió. Y cuando parecía que el partido podía inclinarse, llegó ese segundo golpe que rompe más por lo que significa que por cómo llega. Ahí se quebró algo. No en la cancha. En el aire.

No hay remontada esta vez. No hay siete minutos que cambien la historia. Hay silencio. Bolivia queda fuera del Mundial 2026 otra vez. Treinta y dos años ya eran demasiados. Ahora serán más. No hay clasificación. No hay grupo con Francia, Senegal o Noruega. No hay historia. Solo queda el intento.

Durante días, el país creyó, en medio de la crisis de la gasolina basura, que el fútbol había abierto una pequeña ventana. Hoy esa ventana se cerró. No hubo caravanas. No hubo gritos largos.

Hubo algo más íntimo, ese silencio incómodo que queda cuando uno entiende que no era suficiente. Lágrimas de niños y jóvenes. Los viejos estamos acostumbrados a las derrotas.

Pero incluso en la derrota hay señales. Este equipo no fue el de antes. No se arrastró. No se escondió. No fue superado con claridad. Perdió… pero no fue inferior. Y eso, en un país acostumbrado a perder, no es menor.

Bolivia no entra en la historia. Le toca lo de siempre: volver a empezar. Sin épica. Sin atajos. Sin excusas, porque el fútbol, como la vida, no se queda con lo que casi fue.

Duele. Claro que duele, pero algo cambió, aunque no alcance todavía. Tal vez no es el momento, pero por primera vez en mucho tiempo, la derrota no se siente como costumbre… sino como una deuda. Y eso, aunque suene poco, es donde empieza todo.

Juan Carlos Marañón Albarracín

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