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Dostoyevski como cortina: cultura y propaganda rusa en Chile

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24.09.2026

La cultura acerca a los pueblos. Un curso de idiomas, una beca, un concierto o una conferencia pueden abrir puertas hacia otra sociedad. La diplomacia cultural es una práctica legítima de las relaciones internacionales. Pero ¿qué ocurre cuando detrás del cartel de “cultura” aparecen propaganda política, manipulación informativa e incluso campañas de apoyo a quienes combaten en una guerra?

Chile tiene razones para hacerse esta pregunta.

En Santiago funciona la llamada Casa de Rusia, representación de Rossotrudnichestvo. No se trata de una asociación cultural independiente, sino de una agencia federal del Estado ruso. En Chile ofrece cursos, actividades culturales y programas educativos. Por ejemplo, el Gobierno ruso ofreció 20 becas a ciudadanos chilenos para el año académico 2026/2027, y la propia AGCID señala a la Casa de Rusia —Rossotrudnichestvo— como entidad que presta asistencia a los postulantes. Todo esto podría considerarse diplomacia cultural convencional. El problema empieza cuando observamos qué otros mensajes circulan alrededor de esa actividad.

Hace poco, el director de Rossotrudnichestvo, Igor Chaika, respondió al llamado del canciller ucraniano Andrii Sybiha a cerrar las llamadas “Casas Rusas” en algunos países europeos. Resulta llamativo que el responsable de una institución que se proyecta internacionalmente a través de la cultura, la educación y la cooperación humanitaria recurriera inmediatamente al conocido repertorio político del Kremlin: el “régimen nazi de Kiev”, las “élites globalistas”, la “rusofobia” y la supuesta falta de legitimidad democrática de Ucrania. Un curioso repertorio para un promotor del diálogo cultural. El mundo cambia;........

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