La náusea como explicación política de Venezuela, entre otras historias
Para los nuevos tiempos siempre harán falta duros cojones. Estómago, dirán otros. Es la eterna apreciación del pensador ante el devenir, por más que la expresión resulte vulgar. Es sufrimiento filosófico. La tierra se mueve y cambia el paisaje.
Entre antiguos, en los albores de la razón humana, los filósofos Heráclito y Parménides empezaron con ese sufrimiento primigenio: el mundo cambia o no cambia, y hay que explicarlo. Dejaron a los dioses a un lado como responsables del destino y se lanzaron a proponer que el movimiento o la inmovilidad son la explicación del mundo y la fuente, a un tiempo, de toda zozobra intelectual. Probablemente, así mitigaban la náusea de la incertidumbre vital.
Poco antes, durante la época heroica, los arqueros fueron odiados, considerados cobardes más que guerreros. El rechazo se explicaba porque, entonces, privaba el combate cuerpo a cuerpo y los contendientes buscaban una gloria cuasidivina. Un arquero no forcejeaba con nadie; solo se agazapaba para matar a traición, sin gloria alguna. De hecho, Paris, un afeminado y cobarde, fue quien asesinó a Aquiles, el guerrero honorable por antonomasia.
Hechos así cambian el mundo y su amoblamiento mental. Y sus protagonistas deben tener, pues, potentes estómagos para no expresar su líquida decepción. La muerte de Aquiles representó el vencimiento de la fuerza bruta como código de honor y dio paso a la era de Odiseo con su astucia.
Piénsese, por momentos, en los absurdos nauseabundos de la historia. Uno de los más ilustrativos es la imagen de Hernán Cortés acabando con una civilización entera utilizando a los nativos de la misma civilización. Por ejemplo, no hay gloria para ese móvil de la destrucción llamado Malinche, ni desde el lado del conquistador ni del conquistado. Para unos, es doña Marina, la traidora, a pesar de su valioso servicio; para........
