La Tercera Vía: Cuando GAIA exige una nueva economía (II)
"No cambiemos el clima, cambiemos el sistema."
Hugo Chávez Frías, Copenhague, 2009
El capitalismo nos enseñó a crear. El socialismo nos enseñó a cuidar. Ninguno de los dos aprendió a no destruir.
En el artículo anterior —"La Tierra responde. Y no está de humor" (30/08/2026)— dejamos una pregunta colgada en el aire como el humo de un bosque en llamas: si el capitalismo extractivista y el socialismo depredador nos trajeron hasta aquí, ¿de dónde surgirá la salida a la crisis ambiental que pone en peligro la vida en el planeta?(1)
No de la nostalgia. No de la culpa. Y mucho menos de la resignación.
La salida brota de una verdad incómoda (2) que pocos se atreven a decir en voz alta: ambos sistemas, en sus versiones dominantes, comparten el mismo pecado original. Miden el éxito en toneladas producidas, en PIB acumulado, en kilómetros de asfalto, en poder militar. Ninguno midió, de verdad, el costo ambiental de cada "victoria" económica. Y por eso ambos modos de producción terminaron convertidos en máquinas de devorar el planeta.
Lo hemos estado destruyendo sin misericordia desde la Revolución Industrial, y un poco antes. El capitalismo es quien más ha contribuido, sin dudas, a esta destrucción. Pero desde el siglo pasado, el sistema socialista —en su afán de competencia y sobrevivencia— también dio muestras inequívocas de sobreexplotación contra la naturaleza. Ambos, con el pretexto de defender la vida humana en el planeta.
¿Cuál es la paradoja?
Precisamente esta: el capitalismo, en su esencia creativa, inventó la energía solar, la batería de litio, la inteligencia artificial y la biotecnología. El socialismo, en su esencia solidaria, inventó la seguridad social, la educación universal y la........
